Hasta el próximo mes de Enero se podrá disfrutar de una amplia retrospectiva del pintor, un conjunto de obras donde podemos degustar el sentir por la vida, la delicada mirada hedónica del pintor, que como escribió un día su hijo, el cineasta Jean Renoir “miraba las flores, las mujeres, las nubes del cielo como otros hombres tocan y acarician”. La exposición comprende 78 pinturas y recorre toda su carrera. La primeras salas es el impresionismo, una década y las siguientes estancias, ya no ordenada cronológicamente, sino por géneros, el retrato, la pintura de genero, las pinturas domésticas, los cafés, y finalmente los desnudos (las bañistas).

La empatía de Renoir se denota en la atención por el espacio íntimo, la pintura por el detalle y la cercanía. Es en ese espacio donde habita la pintura de Renoir, en ese lugar la figura de la mujer es central para conquistar las miradas y los encuentros, los espacios de placer, los tiempos de descanso y la vida ociosa. También la esfera de las labores, donde el pintor entra en las alcobas o los espacios de atención de la mujer sobre sus tareas o lugares de descanso. El final de la exposición, también es el final de un espíritu, el de los impresionistas, que fue revisado por el propio pintor, rompiendo con esa visión y retomando el clasicismo.

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