El arte para ser arte debe tener algo, desprender una especie de ondas que irrumpan en nuestra conciencia y despierten anhelos y pasiones que permanecían en el olvido. En una ocasión, el malogrado escritor norteamericano David Foster wallace afirmó que las obras literarias (y por extensión cualquier expresión artística, creo yo) nos agradaban en la medida en que producían en nosotros un click, entendiendo esto como la capacidad de identificar en la obra pensamientos y emociones que son nuestros, pero aún no hemos acertado a traducir en palabras.

En resumen, se trata de una idea tan simple como que los productos intelectuales deben removernos por dentro. Como esta es una lista fílmica completamente subjetiva, aquí no tendrán cabida películas cuyos endebles argumentos son una mera excusa para el despliegue ininterrumpido de de tiroteos y golpes de kárate furibundo. Ni los amoríos clónicos con que Hollywood atiborra cada año nuestros cines.

Tampoco encontraréis aquí películas de terror ni de humor.

Os aseguro que no albergo ninguna profunda animadversión contra todos estos productos, que también consumo de buen agrado. Es solo que los considero habitantes de un mundo distinto al que ahora vengo a mostraros. Pertenecen al mundo del entretenimiento. Os expongo ya el surtido de joyas cinematográficas que de alguna forma marcaron mi vida, porque supieron tocar las teclas que me conmueven:

1. Donnie Darko: original, oscura y trascendental.

Un joven y taciturno Jake Gyllenhaal deberá salvar al mundo guiado por un misterioso conejo de tamaño gigante. Imperdible.

2. Mr. Nobody: poderosa fuente de imágenes poderosas y sentimientos reales. Preciosismo en el buen sentido. En un futuro incierto, el ultimo hombre que morirá de viejo echa la vista atrás y rememora su vida. Vivió una vida y vivió miles. Las más pequeñas elecciones pueden llevarnos horizontes insospechados.

El anciano posee el privilegio de contemplar todos los caminos por los que podría haber circulado su existencia.

3. 500 days of Summer: un obstinado Joseph Gordon-Levitt se niega a olvidar a la mujer que considera su alma gemela. Se trata de un fresco y humno recorrido por las distintas fases de una relación de pareja.

4. The Royal Tenembauns: Wes Anderson es un tesoro y en esta película nos dibuja el retrato de una peculiar familia para la que las expectativas del futuro más glorioso se han ido disipando para dar paso a una sarta de soledades, decepciones y pequeñas tragedias.

Como buen ejemplo del estilo de este cineasta, los actores transmiten emociones auténticas in alejarse demasiado de la fachada despreocupada de sus personajes. Como anécdota, hay quienes ven en el argumento del filme ciertos paralelismos con la novela cumbre del citado escritor Wallace: La broma infinita.

5. Trainspotting: las desventuras de un grupo de antihéroes adictos al crack en Edimburgo. Cruda, irónica y también poética.

En enero del año que llega disfrutaremos de su secuela.

6. El club de la lucha: mi película favorita. El hastío que lo envuelve todo en este mundo de oficinas, apartamentos, corbatas y vida adulta. La indolencia como enfermedad más común en los tiempos modernos. En el letargo de nuestras vidas se hace casi imposible reaccionar a los estímulos positivos. Edward Norton arde de ira tras emerger una extraña mujer en su vida y trastocar su gris, pero cómoda existencia. Todo confluirá en el club de la lucha.

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