Si hay una empresa de entretenimiento que tuvo un año fenomenal fue la plataforma multimedia Netflix. Fueron tantos los éxitos que tuvo durante el 2016 como Stranger Things, The Crown y Narcos, que guardaron su última joya para estas navidades, disminuyendo al máximo la publicidad e incentivando el Misterio de su nueva serie, The OA, un título destinado a convertirse en un clásico de culto instantáneo (algunos spoilers van a aparecer a continuación).

El secretismo no ha impedido que Netflix logre lo que se proponía: despertar un enorme interés y fascinación en las redes sociales por esta nueva producción, pese a la ausencia de imágenes promocionales, tráilers y cualquier rastro de márketing viral.

Sólo dos letras del alfabeto que tendrán en vilo a la audiencia durante ocho intensos episodios: ¿qué es el OA?

Una chica ciega desaparece de la noche a la mañana, siete años más tarde, regresa a su hogar adoptivo con la salvedad de que ha recuperado la vista. La sinopsis de esta es tan misteriosa como su aparición, pero es tan solo el inicio. El episodio piloto parece como si se tratara de dos películas en una, nos presentan a Prairie, el personaje principal interpretado por una soberbia Brit Marling, ajustarse a su regreso, mientras algunos residentes de su pueblo empiezan a relacionarse con ella. En los últimos quince minutos somos transportados a la historia, no solo de la desaparición de la joven sino de los inicios de su vida.

La historia se vuelve más compleja, a medida de que Prairie sufre de premoniciones, ECM (Experiencias Cercanas a la Muerte), y otros fenómenos que es mejor apreciar durante los episodios, todo por buscar a su padre, cayendo en las manos del “cazador de ángeles” y manteniendo una vida en cautiverio con algunos extraños, en una trama que podría recordar en parte películas sobre prisiones improvisadas como Old Boy y Room.

La odisea de Prairie mantiene algunos paralelismos con las vidas que llevan los cinco personajes testigos de su narración, quienes deciden prestar atención a las reflexiones y enseñanzas de la mujer, lo que termina englobando una historia experimental, abstracta e indie, con gran riqueza visual, y escenas que con frecuencia, son mayormente manejadas por las emociones que por la lógica, lo que no es malo; el guión de The OA invita al televidente a sentir la trama en vez de presenciarla.

A medida que avanza la primera temporada hasta el capítulo final, da la impresión de necesitar tomar este producto como la audiencia lo hizo en su momento con Lost (serie con muchos temas en común): interpretar todo de manera personal. Ciertamente, el octavo episodio deja más dudas que respuestas, en espera que la aceptación del público haga unánime el reclamo de una segunda temporada.

No fue casualidad que The OA fuera transmitida en esta época. La Navidad y las puertas del año nuevo son popularmente días de nostalgia y reflexión, por lo que apreciar el contexto de The OA invita a la pensar y analizar de temáticas universales como el sentido de la vida y la muerte, la creencia en ángeles y el más allá, la necesidad de establecer compañía, y la confianza en uno mismo.

Los mayores aciertos de The OA son su reparto, apartado visual (algunas escenas son bellísimas), su falta total de relleno y el delicado y a la vez confuso tratamiento de su trama, que convierte al público en partícipe de su resolución e interpretación.

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