Un día nada existirá, y sin embargo todo estará a nuestro alcance. No podremos tocar lo poseído. Quizá tampoco olerlo, saborearlo, acariciarlo o sentirlo, pero no obstante lo poseeremos. No es poesía. La vida se encamina hacia una nube inexistente, y allí, sin hablar de Dios, vamos a acumular sin ocupar un milímetro cuadrado físico todo lo que un día existió. Clasificado o no, Internet es el nuevo desván vital al que cualquier ser humano desde cualquier rincón del mundo puede acceder con realizar el denominado un "solo click".

El poeta de Orihuela Miguel Hernández es un nuevo inquilino en la red.

Su colección completa son un total de 5.819 registros bibliográficos, donde el interesado halla cerca un millar de manuscritos, folletos, partituras, prensa histórica, grabaciones sonoras, así como más de de 26.000 imágenes. Al acceso de cualquier lector también hay unas 1.700 cartas, la bella imagen de su máquina de escribir Underwood, la correspondencia más íntima con su mujer, Josefina Manresa, y otras misivas escritas a distintos autores literarios.

Hernández, hermano de siete hermanos, creció en una familia dedicada por completo al ganado caprino. Nació en el 82 de la calle San Juan y creció en el 32 de la calle de Arriba. Desde su infancia fue pastor de cabras. Empezó sus estudios con cinco años, y los abandonó cuando cumplió los quince porque su padre rechazó la beca que le ofrecieron los Jesuitas.

Miguel no estudió poesía, sólo leyó. Autodidacta. Leer fue su educación.

A los 20 años recibió su único galardón literario por la Sociedad Artística del Orfeón Ilicitano con un poema de 138 versos titulado 'Canto a Valencia, bajo el lema Luz..., Pájaros..., Sol...' Publicó en revistas, comenzaron los reconocimientos y fue a Madrid.

En el segundo viaje logró un trabajo pedagógico, hizo amistades con Vicente Aleixandre y Pablo Neruda, y escribió una hermosa Elegía a su amigo de toda la vida, Ramón Sijé, en el diario El Sol. El texto emocionó al difícil Juan Ramón Jiménez. Años más tarde, todo se oscureció bajo la Guerra Civil.

Ahora, la Diputación de Jaén, que compró el legado del poeta a la familia en 2012 por la suma de 3 millones de euros, ha logrado que la obra de Miguel Hernández, lejos del papel, esté al alcance de cualquiera.

La ha digitalizado a través del Instituto de Estudios Giennenses y ya puede leerse desde la web de ambas instituciones. "Estaba desprotegido y se llegó a un acuerdo con la familia con el objetivo de custodiarlo e inventariarlo. El propósito no era guardarlo en cajas, sino hacer posible que llegara a cualquier sitio en el que haya interés por su obra," han explicado fuentes de la Diputación.

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