“Yo soy absolutamente manchego, español y europeo, pero nunca he sentido de un modo orgánico y visceral lo de la marca España." La frase cae como una losa sobre los medios de comunicación, y la suscriben con el peso y el tono que caracterizan a Pedro Almodóvar, un hombre con personalidad, pero que sin embargo parece no tener la espontaneidad y fuerza de antaño. A sus 67 años, detiene la lengua y calibra las palabras bajo un pensamiento largo y razonable.

Después, suenan. Ya no hay improvisación. Aterra tal vez el qué dirán. Y tampoco nadie atribuye la culpa al miedo. La libertad deambula como una mala gripe.

A Almodóvar parece que le cuesta reconocer su país. Al menos el que fue. Hoy no se siente cómodo. El joven que en la década de los sesenta viajó a Madrid desde Castilla la Mancha después de haberse sentido un niño "diferente en su pueblo", ya no lo es.

Tampoco puede serlo porque nada es lo que fue. Todavía recuerda el "escándalo" que suponían sus "pintas" cuando volvía a casa. "Era terrible sentir cómo tu familia pasaba malos ratos porque tenías pluma y vestías hiper moderno", recuerda.

"España era infinitamente más tolerante en los 80, ni siquiera era una postura política, sino el modo mismo de vivir"

El director manchego es protagonista estos días porque también se ha unido como defensor de Fernando Trueba y su película 'La reina de España', cinta que apenas ha logrado recaudar 400.000 euros en taquilla.

Ha asegurado sentirse "horrorizado" por la campaña. "Me parece monstruoso y atroz el boicot generado por un tuit, y ahí incluyo la responsabilidad de los medios de comunicación. Representa lo peor de los totalitarismos. Es estremecedor", ha declarado horas previas a la gala de la 29ª edición de los Premios del Cine Europeo en la ciudad polaca de Wroclaw, donde el director y su película 'Julieta' optaban a cuatro candidaturas (mejor película, director y actriz para Emma Suárez y Adriana Ugarte).

Almodóvar afirma sentirse "más relajado" cuando está lejos, porque en la distancia no existe "esa vigilancia que obliga a estar alerta ante todo lo que se dice". "España era infinitamente más tolerante en los 80, ni siquiera era una postura política, sino el modo mismo de vivir. Estábamos estrenando la libertad", rememora el director de cine, quien cree que para ser parte de "este país" no hace falta ir de patriota.

"Es agotador que hoy todo esté en entredicho en España. En 2004, comenzó un tiempo en el que la espontaneidad desapareció y dejó de permitirse la ironía".

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