Cada víspera de Navidad, el mundo se apresta para celebrar el advenimiento del Divino Niño, pero la tradición de festejar en este período se remonta a tiempos inmemoriales, algunas tradiciones se mantienen, a veces sin conocer su origen, probablemente muchas de ellas son producto de la imaginación de algún fabulador, pero la metáfora implícita en las historias contadas, son siempre constructivas y emotivas.

Los pueblos cristianos y no cristianos, en el mes de diciembre celebran, según la propia cultura y las propias tradiciones. Esto sucedía en el advenimiento del solsticio de invierno, se honraba en remotos tiempos, el renacer del sol, los días eran más largos, marcando el camino hacia la primavera, con el augurio de abundantes cosechas.

Los antiguos egipcios celebraban el nacimiento del dios Horus, los griegos el de Dionisio, los escandinavos la del dios Frey y los romanos celebraban a Saturno, dios de la agricultura.

Los cristianos sustituyeron los ritos paganos con la celebración del nacimiento de Jesús, manteniendo el espíritu de jolgorio de las antiguas tradiciones. Debido a esto las celebraciones navideñas son augurios de prosperidad y paz para todos los hombres de buena voluntad.

La tradición del pesebre se remonta a San Francisco de Asís, en el año 1224, en el pueblecito de Greccio, el santo reconstruyó la escena de la Natividad, utilizando animales vivos. El primer pesebre propiamente dicho se creó en la “Iglesia Santa Maria Maggiore” de Roma, rápidamente otras Iglesias se adhirieron, creando la tradición que se expandió a todo el mundo cristiano.

En Francia se le denomina Créche, en Alemania Krippe, en España y en muchos países latinoamericanos Nacimiento, en la República Checa se le llama Jeslyky, en Brasil Pesebre y en Costa Rica se le dice Portal. Una bonita leyenda sobre las bolas decorativas para el Árbol Natalicio, nos indica que al nacimiento del Niño Jesús, un saltimbanqui callejero era tan pobre que no encontraba que regalar al Divino Niño, así que hizo lo único que sabía, efectuó unas destrezas con unas pelotas lanzándolas al aire.

De allí que estos adornos nos recuerden la alegría del Hijo de Dios contemplando las bolas coloridas.

La leyenda de las campanas natalicias narra que al momento del nacimiento, en el camino de Belén se encontraba un pequeño ciego, al escuchar el advenimiento y el gran bullicio formado por la gente que se desplazaba para honrar al Niño, pedía ayuda para que lo ayudaran a encontrar el sitio del evento pero nadie le hacía caso.

Más tarde, pasada la euforia del suceso, en el silencio nocturno, el pequeño ciego escuchó el tintineo de un cencerro, pensó que la vaca que lo portaba podría estar en el pesebre y así, guiándose por el sonido llegó hasta Jesús.

Se cuenta que un pequeño pajarito marrón compartía el refugio donde María dio a luz a Jesús. En la noche la pequeña ave notó que el fuego que entibiaba el ambiente se estaba extinguiendo, así que se colocó frente a las brasas y comenzó a agitar las alas para evitar que se apagara, al surgir el sol en la mañana, el pequeño pajarito se encontró con el pecho bellamente recubierto por nuevas plumas de un vívido color rojo, de allí en adelante al pajarillo se le conoció como petirrojo, bella recompensa por haber cuidado al Niño Jesús.

Estas son algunas constructivas historias sobre las festividades decembrinas.

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