Las utopías

Desde que Platón cerca del año 370 a.C. describió “La República” como el sistema deseado de gobierno al cual todo ser humano debía aspirar, el hombre en su constante búsqueda de perfectibilidad de convivencia ideó múltiples maneras de organización social. La mayoría no pasaron de ser intentos solamente plasmados en ideas y castillos edificados en el aire sin poder efectivamente probarse su efectividad, otras tuvieron la suficiente fuerza para encontrar entusiastas ejecutantes que pudieron ensayar las ideas de perfeccionamiento colectivo, una de las que pudieron iniciarse fue la que se conoció como: “Colectividades anarquistas españolas”.

Estas fueron iniciadas por trabajadores durante la guerra civil española. Franco había declarado la guerra al Gobierno del Frente Popular asentado en Madrid. Al carecer el país de una conducción efectiva, los agricultores y los trabajadores crearon sus propias instituciones en las zonas que no eran controladas por las fuerzas de Franco.

No hay realmente una estimación exacta de la gente que participó, se calcula que un máximo de 8.000.000 y un mínimo de 3.000.000 de personas participaron de esta iniciativa que establecía que las colectividades anarquistas debían dividirse en dos partes, industriales y rurales.

En las fábricas, tomadas por los trabajadores los directores podían ser reemplazados en cualquier momento y no podían tomar decisiones sin contar con las opiniones de los trabajadores. La mejor de estas colectividades operaba en Barcelona que era la ciudad española más grande en este momento, se abrieron comedores comunales en cada uno de los barrios de la ciudad, donde diariamente se servían 120.000 cubiertos.

Existieron establecimientos para la venta de alimentos organizados como Sindicatos, los trabajadores fueron sus mismos patrones y fijaban su propio salario.

La Confederación Nacional de Trabajadores organizaba las colectividades, los pequeños granjeros que no aceptaban unirse a la colectividad se les calificaban de “individualistas” y se les dejaba continuar trabajando sus tierras mientras no contratasen asalariados.

Los logros más importantes fueron la aceptación de los derechos de la mujer sin tener en cuenta su ocupación o funciones y estableciendo que debían ganar lo mismo que un hombre, otro logro importante se refiere a la educación que logró prácticamente anular el analfabetismo que en las mayorías de las zonas rurales españolas llegaba al 70%.

Cuando Francisco Franco al mando de los “nacionales” ganó la guerra, las colectividades fueron obligadas a desaparecer.

Terminó así uno de los experimentos más exitosos que se haya concebido nunca.

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