El muro que separa #México y Estados Unidos se convirtió en un gran centro de atención desde que el pasado julio #Donald Trump, entonces candidato a la presidencia estadounidense, anunciara durante la Convención Republicana su intención de construir una valla fronteriza con México y que, además, la pagarían los mexicanos. Sin embargo, muchos fueron los que reaccionaron con un ‘’pero si esta valla ya existe’’.

A raíz de su elección como futuro presidente de los #Estados Unidos, este muro se ha conocido como 'el muro de Trump', y se ha convertido en un símbolo del clima de racismo que rodea al empresario.

Pero la imagen del muro ha empezado a cambiar desde que el pasado 1 de diciembre un grupo de más de 800 artistas y voluntarios empezaran a decorarlo, a raíz de una iniciativa del artista mexicano Enrique Chiu que pretende eliminar sus connotaciones divisorias y convertirlo en ‘El muro de la hermandad’.

A través de las redes sociales, Enrique Chiu convocó a todo aquél que quisiera participar en el proyecto, y ya son más de 800 personas, entre gente de la comunidad, con niños, jóvenes y maestros, y artistas procedentes de distintos países como Guatemala, Venezuela, México y Estados Unidos.

"Es un proyecto comunitario que puede unir familias, asociaciones civiles y artistas y que, aunque la gente desconozca o no sepa de arte, puede hacer que las familias y la unión entre dos fronteras sea una realidad", declaró el artista a EFE.

Con el objetivo de hacer uso del arte como transmisor de un mensaje de paz, unidad y respeto frente al clima de odio que se respira desde la elección de Trump, el proyecto pretende alargarse durante unos cuatro meses, hasta el 2 de abril, y cubrir una extensión de unos 2000km, desde el Parque de la Amistad, en #San Diego, donde cada semana se reúnen familias separadas por la valla fronteriza, hasta la Avenida Internacional de #Tijuana, a pocos kilómetros de la frontera de San Ysidro.

Hasta el momento la iniciativa ha sido muy bien recibida. Las autoridades mejicanas han declarado su apoyo y los medios de comunicación de todo el país le han dado gran difusión. Y aunque los participantes sean conscientes de que las probabilidades de acabar con el muro sean mínimas, tienen claro que su intención se basa en darle visibilidad mundial, concienciar a la sociedad sobre el problema y a la vez, darle un giro para convertirlo en una obra de arte.

La estructura de tres metros de altura, hecha de hierro, vieja y oxidada, sigue ahí, pero ahora, entre pintura y color, se ha convertido en un símbolo de solidaridad. "A lo mejor no lo podemos borrar de verdad como quisiéramos, o tirarlo como el muro de Berlín, pero queremos poderle dar vida, color a algo que se ve feo, algo que nos delimita", confesó Chiu.

El artista Gerardo Meza, residente en San Diego y uno de los participantes del proyecto, resumió muy bien el mensaje: "Por más ideas que nos quieran imponer, por más muros, por más divisiones que quieran que haya, siempre va a haber unión", y eso nadie podrá evitarlo.

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