"Nunca me he sentido español. Ni cinco minutos de mi vida". Cuando Fernando Trueba pronunció estas palabras hace un año al recoger el Premio Nacional de Cinematografía, no podía imaginar que estaba sembrando una ola de rechazo en gran parte del público español que le costaría caro.

Estas declaraciones provocaron un profundo malestar entre muchos ciudadanos españoles, sobre todo cuando se supo, como revelaría el periódico El Mundo días después, que el cineasta había recibido a lo largo de su carrera más de cuatro millones de euros del estado español en concepto de subvenciones. Parecía que los ecos de aquella polémica se habían apagado, pero no: el estreno la semana pasada de la película "La Reina de España", presentada como la secuela de la exitosa "La Niña de tus Ojos" (1998), se vio envuelto desde el principio en el escándalo.

Desde las redes sociales se promovió el boicot a la película como un castigo a Trueba por sus palabras, consideradas ofensivas por mucha gente. Los resultados en taquilla parecían confirmar la eficacia de esta campaña. Después llegaron algunos apoyos al director madrileño desde el ámbito de la cultura y de la política, e incluso hubo una tímida rectificación por parte del propio Trueba. A pesar de eso, la recaudación sigue estando muy por debajo de lo esperado. El naufragio económico de "La Reina de España" parece inevitable.

Más allá del boicot

Sin embargo, varios críticos de Cine han incidido en una cuestión que ha quedado tapada tras todo este ruido mediático: tal vez la culpa de los malos resultados de taquilla no sea del boicot, sino de la dudosa calidad de la propia película y del escaso interés que ha despertado entre el público español.

Algo que ni la presencia de Penélope Cruz en el reparto ha podido evitar.

Quienes han visto ya "La Reina de España" en la gran pantalla esgrimen una serie de motivos que explicarían el descalabro de la película y que nada tendrían que ver con el boicot: demasiado larga, con una fórmula demasiado vista, llena de tópicos y con un pretendido punto cómico que no llega a funcionar.

Ahora hay que esperar a ver si Trueba hará autocrítica o preferirá achacar al boicot la fría acogida del público español a su último trabajo: una película que se había promocionado a bombo y platillo y de la que todo el mundo esperaba mucho más.

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