Fernando Pessoa ocupa por méritos propios un espacio único y personal en las letras europeas y por ende en este rincón del mundo, iberia, que lo transformó de rincón en decadencia perpetuo a fénix de la creación, espacio de cuento y fantasía. Esta arcadia y en particular, Lisboa el escenario, fue el refugio, o más bien el espacio de creación de un ser completamente antisocial e introspectivo que le llevó a bucear en el alma humana. Un hombre que vivió de forma anacoreta, casi monacal entre cuatro paredes y que tenía los paseos y los cafés de la vieja Lisabona como rincón de inspiración. Figura central del modernismo portugués, de cariz e influencia británica el vagabundaje por las ruas, práctica poética por antonomasia (la deriva) o el Flâneur de Baudelaire, supuso el lugar de la inspiración para creación, totalmente insólita, donde el propio autor se desdobló en diferentes personajes heterónimos como Alberto Caeiro, Ricardo Reis, Bernardo Soares o Álvaro de Campos.

Un artista que creó de sí mismo todo una cosmogonía de personajes y géneros. El comisario de la exposición Alberto Ruiz de Samaniego señaló que lo propuesto en las salas del Bellas Artes responde a la profundización de Pessoa “un hombre absolutamente introspectivo, aislado de todo contacto social” que le llevó a viajar a los confines de la condición humana.

La exposición se podrá contemplar hasta el 5 de marzo del 2017 en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.

Sigue la página Arte
Seguir
¡No te pierdas nuestra pagina de Facebook!!