Nota: 5.

La aproximación de la cinta a uno de los puntos más fascinantes de la literatura norteamericana atrae por la figura de Max Perkins. La elección de este editor de escritores de la talla de Fitzgerald o Hemingway supone una perspectiva única del momento sin arrebatar el encanto de estos talentos en un repaso pormenorizado de sus vidas. No obstante, el director sólo hace uso de este punto de vista para realizar un pequeño biopic que, finalmente, arrebata parte del encanto de Thomas Wolfe.

Lenguaje del cine frente al literario

El libreto que cohesiona El editor de libros (Genius) muestra una clara predilección por el periodo que trata y sus escritores.

Las referencias a la vida y obra de estos genios son una constante a la que se añade el buen hacer a la hora de retratar el proceso creativo del escritor y el editor. El debate entre la pureza artística del texto inalterado frente a la reducción exigida para su publicación expone la necesidad de la concreción frente al caos imaginativo del artista; un punto que en la mayoría de los casos consigue realzar el significado de la obra más allá del ego visual de su autor.

Sin embargo este no impide que el mismísimo guión caiga ocasionalmente en la arrogancia que intenta denunciar. Con una simplicidad que emula el desarrollo de otros biopics hístóricos, El editor de libros se marca como un relato expositivo cuya única fuente de originalidad viene cubierta bajo los pasajes de los escritores que retrata.

A pesar del amor por este periodo, el guionista parece olvidar el lenguaje del Cine. Un desliz por el que en lugar de mostrar el carisma, trauma y conflictos internos de sus personajes, deja que sean sus actores que tengan la obligación de mencionarlos de una forma desnaturalizada en sus conversaciones.

El desencanto de Thomas Wolfe

La mediocridad del texto tampoco favorece que su reparto destaque como en otras producciones. Mientras que Colin Firth repite manteniendo el porte de caballero tan reconocible en sus roles, Nicole Kidman procura dignificar la obsesión de su personaje hacia Thomas Wolfe; autor sobre el que gira todo el conjunto de tramas y subtramas a pesar de la incapacidad del guión y su interprete para justificarlo.

Law retrata a un hombre grandilocuente que bordea lo enervante sin alcanzarlo. Una labor que, aunque sigue siendo competente, no se aproxima al carisma exigido en un rol tan relevante ni en otros papeles de su pasado.

Conclusiones

Aún con una buena fotografía capaz de inspirar el trasfondo de miseria de la América de los 20 con sus tonalidades grises, El editor de libros (Genius) no pasa de ser una película con pretensiones que apenas supera lo predecible. Ni su más que reconocible elenco ni sus escasos momentos de brillantez impiden que sea una película olvidable incapaz de aprovechar el encanto de sus escritores.

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