El mar, el triunfo de la luz:

En los retratos al aire libre la luz es la protagonista indiscutible. El naturalismo, la frescura y la espontaneidad impresionistas se unen con las nuevas perspectivas inspiradas por la fotografía y la estampa japonesa, la cual refleja la belleza de los paisajes y las tradiciones del imperio del Sol Naciente.

En el verano de 1.905 la familia se traslada a Jávea, localidad descrita por el pintor como sublime e inmensa.

Para él representa el sitio ideal para pintar. De hecho, ese verano pintó 30 cuadros y 65 apuntes con vistas a la exposición de París de 1.906. En Jávea el fondo del mar es rocoso y el agua cristalina adquiere tonalidades intensas. Esa transparencia es uno de los temas recurrentes en sus cuadros.

Además, los colores que reflejan las rocas arrancan destellos esmeraldas del mar y los infinitos matices reverberan una profundidad azul.

Así, "El bote blanco" evoca la vitalidad de dos niños que yacen en el mar frente a la proa de una embarcación mientras sujetan una cuerda. Una sonrisa cruza el rostro del chico en posición frontal. Múltiples tonalidades de color añil reflejan la vivacidad de las aguas encrespadas.

En "Clotilde y Elena en las rocas" la esposa del artista y su hija caminan entre las rocas un tramo no exento de dificultades.

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Arte

La pequeña Elena apoya su mano derecha en la roca a modo de sostén mientras su madre le sujeta la mano izquierda. Clotilde contiene también los pliegues de su falda larga para mejorar su deambulación en dicho terreno.

Visita a París:

Con tan solo 23 años Sorolla se desplazó a París y su influjo artístico le fascinó. En el año 1.906 inauguró la primera exposición monográfica en la galería "Georges Petit", una de las más grandes de París.

Varias secciones de la muestra de "Sorolla en París" (expuesta en el Museo Sorolla actualmente) nos ayudan a profundizar en la genialidad de uno de los artistas más prolíficos.

En "Trata de blancas" la desolación devasta a cinco mujeres hacinadas en un espacio claustrofóbico. El agotamiento y la falta de energía se desprenden de sus posturas encorvadas o reclinadas. El filo hilo del que penden sus vidas se representa en un ambiente lúgubre en el que un ventanuco permite traspasar un haz de luz a modo de esperanza.

Sorolla cosmopolita, elegante, paisajes y jardines:

Terminada la exposición de París la familia se trasladó a Biarritz para pasar el verano en la estación balnearia propia de la aristocracia. Su pintura adquiere un nuevo refinamiento formal. Cobró amistad con Aurelio de Beruete (1.845-1.912) pintor paisajista que le influyó. En 1.907 su hija María contrae la tuberculosis. Así, un Sorolla afectado pintó contrastes de amarillos y malvas en un paisaje más agreste.

En esta época se traslada a la Granja y retrata a familiares y también al "Rey don Alfonso XIII con el uniforme de húsares" en el que posa con un porte erguido que denota seguridad en consonancia con su atuendo solemne. Su expresión osada contempla al espectador sin ambages.

Retratos:

Como retratista consolidó su reputación dentro y fuera de la burguesía, la aristocracia y la Casa Real española. En sus retratos de interior la referencia a Velázquez (1.599-1.660) es relevante. En los retratos familiares manifiesta una gran espontaneidad. Así, en "Clotilde en el estudio" su esposa posa con placidez sumida en la lectura. En primer plano, una azalea deslumbra por su belleza. Otro ejemplo lo constituye "Elena entre rosas", que refleja el protagonismo indiscutible de estas flores.

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