En su primer largometraje, Salvador Calvo reúne medios y de presupuesto para dirigir 1898, Los últimos de Filipinas. Una superproducción bélica de proporciones que nada tienen que envidiar a las que se ruedan al otro lado del Atlántico. En ella se narra, a un ritmo bastante pausado, la epopeya del último bastión del Imperio Español en la isla filipina de Luzón, conocido popularmente como "el sitio de Baler".

Con una ambientación abierta y claustrofóbica a partes iguales, el director sitúa la cámara en el ángulo preciso, sin abusar del primer plano, pero destacando los entresijos psicológicos de los personajes. Gracias a esto, podemos apreciar la debilidad, la desesperanza, el cansancio o el rechazo a la patria o a la religión. También, como en toda película que se precie, encontramos una vez más la explotación de algunos personajes típicos del género.

A saber: el militar escéptico, el oficial médico integro, el soldado inocente y soñador, el suboficial desquiciado y salvaje o el religioso de mente abierta. Algo que iguala la película a otras producciones pero que le resta en originalidad.

Si algo hay que destacar de la cinta es el casting, compuesto por un una serie de nombres de gran relevancia y talento en el panorama cinematográfico español: un Luis Tosar haciendo de Luis Tosar, un Eduard Fernández muy efímero, un Javier Gutiérrez en un registro demasiado brutal, un Carlos Hipólito en un sabio segundo plano, un Karra Elejalde con momentos de lucidez y un Álvaro Cervantes sobresaliente -la verdadera sorpresa del film-.

¡No te pierdas las últimas noticias!
Haz clic en el tema que más te interese y te mantendremos al corriente con aquellas noticias que no debes perderte.
Historias

Mención a parte merece la espectacularidad de la fotografía y los efectos especiales -los cuales seguro que están muy presentes en la próxima gala de los Goya- y el ligero exceso de sangre en la última media hora de película -que no llega a ser gore pero no evita que el espectador aparte la mirada de la pantalla-.

Finalmente, y lo que resulta interesante del film, además del evidente mensaje anti belicista, es el trasfondo verdadero.

¿Por qué el sitio de Baler? ¿Por qué la Historia de los malogrados últimos de Filipinas? ¿Por qué ahora en 2016? Los mensajes procedentes de la Generación del 98 son constantes: hastío, pesimismo, descontento con la clase política, injusticia social... ¿Nos suenan verdad? Tal vez haya sido un gran acierto estrenar un film como éste en los tiempos que corren, en el que los de abajo, siguen pagando los errores de los de arriba.

Visto así, 1898 y 2016 no se diferencian demasiado.

¡No te pierdas nuestra pagina de Facebook!!
Haz clic para leer más