Este sentimiento y tendencia humana a la cual ningún ser racional escapa totalmente, recibe varias denominaciones: superstición, hechizo, tradición, conjuro. Pero finalmente todo se puede resumir en la intrínseca necesidad de rendir tributo, a veces inconscientemente, a lo arcano, a lo desconocido a la necesidad siempre presente de obtener, en el momento menos pensado, un reflejo de lo que a falta de otra definición, podría llamarse “magia”.

Es en la búsqueda de esta mágica y abstracta necesidad que nuestros pequeños ritos, presentes en todas las culturas y en todos los tiempos, afloran en las costumbres sociales.

Cada vez que deseamos a alguien “buena suerte” o el místico “vaya con Dios”, presentamos tributo a esta indefinible emoción por procurar que nuestros deseos se conviertan en augurios tangibles y protectores.

Desde este origen remoto, la tendencia necesaria de desear tiempos auspiciosos se ejercita especialmente en ocasiones memorables, históricas, religiosas o simplemente cuando se presenta alguna situación de cambio o reinicio social. En este caso describiremos algunas de las celebraciones del advenimiento de un nuevo año en diferentes geografías.

Australia es el primer lugar donde llega el primer día del Año Nuevo. En Sydney se celebra con un espectáculo pirotécnico considerado de los más efervescentes del mundo.

En este continente, situado en el hemisferio boreal, es época de verano.

En Thailandia se puede celebrar durante 3 días, viviendo una experiencia única. El tren del Orient Express ofrece un recorrido saliendo desde Bangkok, hasta Kuala Lampur en Malasia, con la posibilidad de añadir otro día al viaje y llegar hasta Singapur.

Son 13 vagones cama para los pasajeros, 3 funcionando como restaurante, 1 como bar, otro es un salón de estar y 1 vagón especialmente preparado como mirador panorámico.

En Madrid, la euforia y alegría española se desborda en la “Puerta del Sol”. Mientras suenan las 12 campanadas del anuncio esperado es costumbre comer las 12 uvas representativas de los meses por venir.

Los madrileños acostumbran usar pelucas de colores mientras la animación campea por las calles citadinas.

En Japón la costumbre es celebrar el advenimiento en templos y santuarios. El tañido de 108 toques representan los pecados del alma a ser redimidos. En el templo Senso-Ji, en Tokio, se realiza la fiesta más entusiasta que dura toda la noche.

Desde el viernes y hasta el domingo, las celebraciones en Edimburgo (Escocia), vibran con eventos y conciertos en las calles iluminadas con antorchas, cantos corales en la catedral de San Egidio. Se incendia un barco Vikingo y los más atrevidos se bañan en las gélidas aguas del River Forth.

En New York, retando el frío invernal, se apiñan multitudes esperando la pantalla gigante en Times Square y luego celebrar toda la noche en la ciudad que nunca duerme.

Diferentes opciones pero siempre celebrar para invocar buenos auspicios para el nuevo año.

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