María Sabina Magdalena García, nació en el año 1894 y creció en el seno de una familia de extrema pobreza. Tuvo su primer contacto con el éxtasis de los "niños santos", como llamó a los hongos alucinógenos a posteriori, a una muy prematura edad.

Tras dos tempranos matrimonios comenzó a sufrir malos tratos, ayudándose así en la fuerza espiritual que el consumo de dichos alucinógenos le proporcionaban, para soportar dicha situación. Finalmente el agresor de María fue llevado a la muerte de la mano de los hijos de su amante, que lo golpearon hasta acabar con su vida, quedando viuda la curandera por segunda vez.

Fue el investigador Robert Gordon Wasson el que dio voz a los conocimientos que hicieron de la mexicana, una celebridad capaz de sanar y encontrar su propia paz sanando a través de los hongos sagrados.

María fue y es la ventana por la cual nos podemos asomar a otros mundos y entender que han de existir y existen otras realidades.

La mujer de humo sabía cómo adentrarse a otros campos sin perderse, y pedía caminos al cigarro mientras, sin perderse, se encontraba una y otra vez.

"El hongo sagrado me toma de la mano y me lleva al mundo donde se sabe todo"decía.

El consumo de peyote como sustancia alucinógena es la puerta a otras realidades, lo que en los pueblos ancestrales es ser montaña, río, cielo, águila...

En definitiva una comunión con la naturaleza y el cosmos.

Los cantos de la mujer sin sangre, robada por el pájaro, por el libro abierto, por el agua, por el aire, por la flor..., fueron grabados por Wasson y traducidos, desvistiendo códigos secretos de los chamanes.

Uno de los cantos de la mujer luna, decía tal que así:

Soy una mujer que mira hacia adentro

Soy mujer luz del día

Soy mujer luna

Soy mujer estrella de la mañana

Soy mujer estrella dios

Soy la mujer reloj

Soy la mujer constelación

Soy la mujer constelación bastón

Porque podemos subir al cielo

Porque soy la mujer pura

Soy la mujer del bien

Porque puedo entrar y salir del reino de la muerte.

Hace casi 31 años que esta eminencia cerró los ojos por última vez, los ojos del cuerpo, los del alma siguen, a buen seguro, bien abiertos, iluminando los cielos a los chamanes, llevándonos al éxtasis por siempre, desde el reino de los cielos, o de la muerte.

Y, como esta sabia y vieja amiga decía y dice:

"Sólo sé que el espíritu es quien enferma.

Y el espíritu es quien enriquece; las personas que han alcanzado la fortuna es porque sus espíritus han viajado al reino espiritual de la riqueza".

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