Deberes sí o deberes no. Este es el debate en educación hoy día. Tanto es así que la controversia ha llevado a la Conferencia Española de Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos (CEAPA) a organizar y convocar la primera huelga de deberes en España. Una huelga lícita y legítima. Y, si se me permite el apunte, razonable. Sí, de lo más racional. Que el alumno tenga que hacer un sólo ejercicio fuera de clase es un error, una equivocación. Un efecto colateral que radica en la raíz del problema primordial: el desacertado plan educativo.

El plan educativo actual y los que han sucedido a ese último han resultado deficientes e ineficaces.

Un fiasco educacional tras otro que a lo único a lo que han contribuido es a que el fin último de los alumnos consista en vomitar la teoría memorizada en un examen, para aprobarlo y que al día siguiente quede en el olvido. Esto es lo que han propiciado los modelos educacionales que hemos conocido hasta ahora.

En cambio, lo que promovería un plan educativo idóneo sería el aprendizaje del alumno, la aprehensión. Que aprenda conocimientos, que adquiera cultura. No que se limite a tragar conceptos sin más ni más, sino que los digiera.

Así es como se aprende de verdad. Con asignaturas que sean útiles y prácticas, cuyas lecciones sirvan en el día a día, ayuden al alumno a desenvolverse en la vida que le ha tocado vivir.

Con profesores cualificados que enseñen por vocación, que no sólo expliquen al alumno ideas, sino que también consigan que se las cuestionen. En definitiva, que las clases conviertan a los alumnos en seres pensantes.

Un modelo educacional, a propósito de la discusión que tiene lugar a día de hoy, que no exija deberes al alumno.

Porque lo que éste ha de aprender, lo aprenderá en clase. Y, fuera del aula, disfrutará de su derecho a ocupar el tiempo en lo que le guste y satisfaga. A leer, dibujar o escribir. A una actividad extraescolar que le motive y a la que, quizá, decida dedicarse en un futuro.

Puede que a quien lea lo expuesto anteriormente le parezca utópico.

Pero lo cierto es que lo dicho es ya una realidad en otros países en los que la educación es una cuestión seria. Y puede que hasta que esa utopía no se haga realidad en el nuestro, no dejaremos de ser líderes europeos en fracaso escolar. Un pacto en educación sería conveniente. Y un acto de responsabilidad por parte de los políticos que dicen representarnos.

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