La educación, herramienta para la calidad de vida. Desde su aparición en la tierra, el hombre ha estado en un proceso constante de aprendizaje, desde el inicial e ineludible “ensayo y error”, hasta la transmisión de conocimientos básicos para facilitar a la generación futura la base primaria para seguir un proceso de edificación continuo y evolutivo.

Paralelamente al proceso inductivo educacional para lograr bienestar colectivo y establecer parámetros tendientes al logro del acatamiento de normas socialmente aceptables, surge la figura del educador, del maestro, del orientador, del facilitador y, lamentablemente también y con mucha fuerza, la del embaucador pernicioso, manipulador y distorsionador de realidades que logra permear mentes maleables y así sembrar la semilla maldita del fanatismo, tanto político como social y religioso.

Conscientes estamos que la educación, en la plenitud de la misión sagrada de construcción de un ser humano perfectible y libre intelectualmente de gríngolas ideológicas, es lo que debe prevalecer para poder establecer con definitiva claridad, la superioridad filosofal de la especie, unos humanos dignos de esta definición, respetuosos y animados por sentimientos de amor por todo lo que nos rodea con la lucidez necesaria para reconocer las limitaciones asumiendo la necesidad de la convivencia como factor básico para preservar la existencia.

Un vuelo rasante por las enseñanzas legadas por grandes pedagogos como fueron María Montessori, Jean Piaget y Baden Powell, nos hace entender algunos valores esenciales para potenciar la educación como factor ineludible en la formación del ser humano. Todos los nombrados, citados como adalides de la educación sin menospreciar a otros grandes talentos, transmitieron un precepto inevitable: el respeto.

Entendiendo que el dejar al aprendiz construir su propia intelectualidad facilitando los medios y utilizando la oportuna orientación, es el camino adecuado para la construcción de un espíritu libre, honesto y virtuoso.

La premisa de María Montessori era que cada niño es su propio maestro y que nadie puede ser libre a menos que sea independiente. Jean Piaget estableció que el conocimiento tiene tres grandes áreas, a saber: El conocimiento físico, el lógico matemático y el social.

Baden Powell insistió en el “aprender haciendo” e introdujo el elemento del “aire libre”, finalmente estableció como colofón de una vida productiva “dejar al mundo mejor de como lo hemos encontrado”.

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