Después de la irregular trilogía ¡Uno!, ¡Dos!, ¡Tré!, en la que Green Day se perdía entre melodías pop y guitarras demasiado manidas -salvo excepciones, como los temas Brutal love, Let yourself go, Oh love y Amy, probablemente los mejores de los tres discos-, la banda californiana cierra 2016 con Revolution radio.

El disco abre bien, revienta tímpanos como acostumbra hacer el grupo liderado por Billie Joe Armstrong. Los primeros quince minutos son puro Green Day, el que sigue la línea marcada por American idiot (2004). Somewhere now, Bang, bang, Revolution radio y Say goodbye dan sobrado testimonio de ello, sobre todo el segundo tema, primer sencillo que publicaron, que recuerda a los acordes y líneas melódicas de St. Jimmy.

El poderoso bajo de Mike Dirnt y la batería furibunda de Tré Cool hacen ese inconfundible sonido, tan rabioso, tan potente, posible. Posteriormente, el disco entra en una deriva comercial que desvirtúa estas primeras canciones. Outlaws y Bouncing off the wall recuerdan a un Warning (2000) algo fuera de sí, que se acerca peligrosamente a los esquemas de ¡Uno!, ¡Dos!, ¡Tré!, así como Still breathing, Youngblood y Too dumb to die en los que la banda roza las formas de 21st century breakdown (2009). No son malas canciones, pero se alejan del espíritu de Dookie (1994), Insomniac (1995) y Nimrod (1997).

Lo mejor, para el final, pues al final, el álbum se rompe y cae de pie. Tres canciones cierran el disco: Troubled times, Forever now y Ordinary world. Tres canciones perfectamente ubicadas, perfectamente hilvanadas.

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La segunda se acerca más a Nimrod, más explosiva, más suya, aunque quizá peca de comercial en el estribillo. La primera y la última esconden reminiscencias de The Beatles, sobre todo Ordinary world, con claras influencias de Across the universe, ya que Troubled times irrumpe en su propia naturaleza melódica con un estruendo de guitarras eléctricas.

Puede que Green Day no esté viviendo una vorágine comercial, puede que sólo esté evolucionando en su sonido. Y, en líneas generales, es así, sí se evitan la trilogía mencionada y algunas canciones de la ópera rock 21st century breakdown -Christian´s Inferno, The static age-. Desde American idiot, su mejor trabajo, los californianos no han dejado de experimentar. Y, en gran parte, sus experimentos han tenido éxito. Obviamente, no pueden seguir tocando lo mismo que cuando tenían veinte años, ya pasaron los tiempos de Basket case, Longview, Panic song, Brain stew, Nice guys finish last y Platypus (I hate you), aunque siguen siendo populares en sus conciertos.

Green Day ha madurado, y se aprecia en el cambio de sus influencias -de Sex Pistols a The Beatles-. Pero evolucionar no significa olvidar lo que fuiste.

A pesar de los altibajos, sigue siendo una de las bandas más importantes de nuestra época, además de la más destacada en su género en los años 90, por encima, desde todos los puntos de vista, de otras como Rancid, blink-182 o Sum 41. Comerciales o no, fieles a sus raíces o no, siempre se debe tener en cuenta a Green Day, porque, como una canción suya, no sabes cuándo puede estallar el estruendo de guitarras. #greenday #RevolutionRadio #Música