Bosques espesos, medievo profundo, narrativa al estilo medieval, banda sonora cuidadísima y fidelidad a la obra original. Éstos elementos los encontraremos en la genial película de John Boorman de 1981, "Excalibur". El realizador ya nos había sorprendido con la bizarra "Zardoz" y con la obra maestra "Deliverance" antes de dirigir ésta obra épica, culta y de cuidadísima fotografía.

Un dato poco conocido es que la ambientación de la película se debe a la fascinación que produjo en el director un corto de 1980 llamado "Black Angel", del director Roger Christian.

Perdida durante 35 años, esta producción se puede encontrar ahora fácilmente en youtube. La recomendamos para relacionarla con la película de Boorman, admirar la belleza de los bosques y su escenografía. Algunas composiciones de plano, de factura cuidadosísima, son muy similares a cuadros de los prerrafaelitas. Es fácil trazar paralelismos entre las escenas de la búsqueda del grial en "Excalibur" y éste sorprendente cortometraje.

El reparto está plagado de actores británicos que verían despuntar sus carreras en los años venideros: Helen Mirren, Patrick Stewart, Liam Neeson, Nicol Williamson y Gabriel Byrne.

La sinopsis de la historia es de sobra conocida, pero no está de más refrescar la memoria: en una oscura época medieval donde lo mágico y lo real se mezclan, una guerra sin fin conduce a Merlín a trabar un pacto con el señor a quien sirve: a cambio de ayuda para transformarse en un rival para poseer a una mujer que desea, el hijo que surja de sus entrañas será entregado al mago como pago por sus servicios (como se puede ver, nada que ver con la época actual de corrección política, ni por asomo).

Arturo es ese niño. Y está destinado a ser el rey que una a toda la región. Mentorizado por Merlín, el joven se proclamará rey y fundará Camelot. Pero las divisiones volverán a producirse en en seno de aquella utopía feudal. Una vez más, la mujer es la instigadora de toda traición, ambición y muerte. La dama del lago es la única excepción a esta machista concepción, representando una suerte de figura maternal de la que carece el monarca.

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