Hay personajes que rozan nuestra existencia dejando huella indeleble. Desde Chile, país tan angosto como dadivoso en talento universal, nos acompañaron en nuestro terruño dos de estas personas, cuyo tránsito terrenal fue motivo para enaltecer con pródiga aptitud y generosa creatividad artística, la reconciliación con la bondad y el respeto humano.

Mahfud Massis, estaba asignado a Venezuela, por el nombramiento, hecho por el Presidente Salvador Allende, como agregado cultural en la Embajada Chilena en Caracas. Él y su esposa Lukhó de Roca llegaron al país en el año 1970. Luego del derrocamiento del Presidente Allende, en 1973, Mahfud fue informado por el nuevo gobierno que el cargo quedaba cancelado y su regreso a Chile prohibido, con lo que se convirtió en exiliado.

Hasta su desaparición física, Mahfud se insertó en la vida cultural venezolana con un abultado bagaje de aportes. Por su parte Lukho, (hija del gran poeta Pablo de Rokha) prolífica pintora galardonada, también aportaba su talento plástico en exposiciones y colecciones privadas.

En su larga estadía venezolana, Mahfud publicó su libro “Llanto del exiliado”, desgarrador poema cuya introducción reza: “A Chile donde nací, donde no moriré acaso, pero donde otros han muerto sin razón y siguen aguardando en la colina”. Esta elegía fue publicada por la misma editorial que finalmente también curó su Antología, logrando culminarla antes de su lamentable desaparición física (1990). Durante diez años condujo un micro programa en la Radio Nacional, llamado “El hombre y su circunstancia”.

Luego de una de sus transmisiones radiofónicas, la cual versó sobre la edición de un libro diminuto contentivo de versículos bíblicos que, por tratarse de una edición muy limitada se desconocía cuantos ejemplares pudiesen subsistir y dónde podrían encontrarse. En la tarde del mismo día se le presentó un señor, se trataba de un conductor de taxi de origen gallego, el cual le mostró el ejemplar de un libro del tamaño de una caja de fósforos, inquirió el personaje si podía ser el objeto sobre el cual versó el programa, que valor podía tener y, sobre todo, como podía hacer para venderlo sin que su mujer se enterara.

Pero su aporte más sólido, fue la amistad derrochada por toda su familia en este país nuestro, sus hijos, Pablo y Dahlal, con sus cónyuges Sara y Antonio y los estupendos nietos, conformaron una tribu que supo granjearse el afecto de cuantos tuvimos el privilegio de conocerlos.

En el año 1990, preparando por fin, el anhelado regreso a su Chile amado, a Mahfud lo sorprendió una apoplejía, luego de unos días de padecimientos, el viejo león entregó su testigo.

La salma, luego de una emotiva ceremonia con cuerpo presente en Caracas, fue trasladada al país que le vio nacer para recibir sepultura, con él también nos dejó el resto de la familia, allá en Chile, en el año 2008, su dilecta Lukho acudió a reunírseles.

Duerme en mi alma un mercader fenicio.

Mi madre es verde en sus verdes ojos.

Y si me miras bien, guardo despojos

del Toro de Apis en su altar egipcio.

La vida, empero, me hizo un orificio

cerca del corazón. Viví de hinojos.

Herida el alma por enormes piojos,

mendicante, feroz y sin oficio.

A veces, pobre tigre entristecido,

suelto bajo la noche mi alarido

y escarbo como un loco en el osario.

Dura sombra que al final se ha ido,

llevo adentro un dolor mal escondido:

nací para león y fui canario.

Soneto: “Ancestro” – Autor: Mahfud Massis

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