Existe un recurso teatral, originario del clasicismo grecorromano, que permite resolver situaciones de la trama con elementos ajenos a ella. Desde la invención del cine, también guionistas y directores se han valido de dicho recurso para salir airosos de su propia historia -la escena de La vida de Brian (1979) en que el protagonista se libra de sus perseguidores gracias a que acaba en una nave extraterrestre que pasaba casualmente por allí es un buen ejemplo-.

Este útil recurso se llama Deus ex machina. Pues bien, Harry Potter y el Legado Maldito es, todo él, un gigantesco ejemplo de su utilización. No es que la adaptación literaria del texto dramático de J.K. Rowling, Jack Thorne y John Tiffany abuse del mencionado atajo, sino que es su esencia misma.

Quiero decir que esta nueva historia del joven mago -que ya no es tan joven, sino un funcionario del Ministerio de Magia con problemas familiares al que atormenta su pasado- no era necesaria, en absoluto, para completar la saga de Harry Potter.

La autora se vale de ella para volver sobre sus pasos y contarnos, sin aportar nada nuevo, otro capítulo de la vida del niño que sobrevivió y su ahora numerosa familia. Porque, ¿qué más había que contar? El último libro, y la última película, Harry Potter y las Reliquias de la Muerte, dejaba todo cerrado a cal y canto y a nosotros, lectores y espectadores, con buen sabor de boca.

Y no es sólo en cuanto a la trama principal.

Casi todos los personajes, objetos y localizaciones principales de la historia reaparecen en ésta sin que sea realmente ineludible su presencia. Voldemort, los Malfoy, por supuesto Ron y Hermione, casados y con hijos, la profesora McGonagall, Dolores Umbridge, Myrtle la Llorona, Hagrid, los centauros, varitas, Hogwarts, Godric´s Hollow, el Bosque Prohibido y un largo etcétera que no desvelaré para, irónicamente, no destripar partes importantes de la trama.

No, este punto final a los Potter y compañía no era realmente necesario. Dicho esto, no puedo estar más agradecido, en este caso, de que lo innecesario vuelva a las librerías. Harry Potter y el Legado Maldito, obra estrenada en Londres, nos llega después de años sin noticias de Hogwarts. La película Animales fantásticos y dónde encontrarlos (2016) nos reabrió las camino del mundo de la magia, pero el destino y los acompañantes eran diferentes.

Ahora, el libreto del drama londinense, nos devuelve a los orígenes. Y es innegable que es un gusto volver a leer nombres como los del párrafo anterior, en una nueva aventura.

No va a ser un hito en la literatura, estamos de acuerdo, ni en la tradición dramática inglesa, vale, pero esos pintorescos personajes, esos peculiares lugares y objetos y esa particular forma de escribirlo, forman parte intrínseca de la vida de toda una generación, esa parte, llena de nostalgia, que nos recuerda que una vez fuimos niños con ilusiones.

Este nuevo Harry Potter no era necesario, bien, pero era necesario que, aun cogido con alfileres, aun sostenido por ese enorme Deus ex machina, fuera él otra vez.

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