Carta póstuma a un Boy Scout

Querido compañero, hoy me enteré de tu desaparición física. Inicialmente lamenté, lógicamente, tu partida, y continué las tareas rutinarias del día a día. Pero luego de un rato, mientras tu recuerdo se resistía a abandonar mi mente, comprendí lo grande que fuiste y un nudo en la garganta obligó a mis húmedas pupilas, verter tu pequeña historia, que no por pequeña deja de describir a un ser humano excepcional, en esta hoja.

¿Recuerdas? Nos conocimos en el Hospital Ortopédico Infantil donde, tu gran espíritu de servicio te llevó con la inquietud de poder acercar el Escultismo a los niños discapacitados que allí moraban.

Cuantos no pensaron que era una tarea utópica, ineficiente, soñadora o cuanto menos innecesaria. Pero tú empeñaste tu inmenso corazón en la faena y el espíritu indomable encontró otra persona con tu misma estatura moral y con tu mismo deseo de aportar sonrisas a unos niños desafortunados, me refiero a Nidia Sendrea, quién te acompañó eficientemente en la persecución del sueño.

Tú habías sufrido de niño una terrible semiparálisis cerebral, cuyas secuelas te acompañaron toda la vida limitando un tanto tus funciones motoras pero, a la vez, quizás fueron el impulso para realizar todas las tareas que te impusiste. Fuiste Scout y Rover en el Grupo Pioneros, realizaste caminatas, excursiones, campamentos, servicios públicos, participaste activamente en las labores de rescate en aquel terrible terremoto del año 1967 en Caracas, llevando al límite tu condición física y, debo confesártelo, el verte, con tu caminar defectuoso y tu maltrecho brazo derecho, continuar actuando cuando yo ya me encontraba agotado, me obligó en más de una ocasión desechar la tentación del descanso.

Luego vino la gran prueba: llevar al campamento los niños de la “Tropa Scout Gutiérrez Solís”, niños con diversos grados de malformaciones poliomielíticas.

Me pediste que dirigiese aquel campamento y así lo hicimos. ¿Sabes? En mis treinta años de servicio en el Movimiento, no recuerdo un momento más dignificante que, cuando arriamos el último día de campamento la bandera, emergió la importancia de aquel evento.

Esa importancia la descubrí en los ojos de los niños que conformaban tu tropa.

Luego tú te me acercaste y me diste las gracias por haber dirigido la actividad. Hoy, con la sabiduría que la edad me otorga, debo expresarte que el único artífice del evento fuiste tú. Tú fuiste el alma y el motor de lo que parecía imposible realizar y, si alguien pudiera compartir tus méritos, esa persona es Nidia Sendrea, la que hoy es mi comadre, quien a pesar de sus padecimientos, también ocasionados por la poliomelitis, se extremó en sus tareas como dirigente scout.

Querido amigo, inolvidable amigo, he conocido muchos dirigentes valiosos, talentosos, abnegados, conocedores y hábiles oradores, pero ninguno me legó la inmensa estatura de tu sombra, humilde y elocuentemente callada, ya dejé que rodara la lágrima en tu memoria, de ahora en adelante sonreiré cada vez que te recuerde por que quiero rememorarte con tu acordeón, animándonos en aquella fogata de clausura en aquel campamento.

Te fuiste a establecer tu tienda por la eternidad. Espéranos.

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