Empezando a escribir

A falta de una explicación más racional, se define como inspiración el momento motivante para iniciar alguna obra artística. A riesgo de ser calificado como prosaico, sinceramente afirmo que, según mi opinión, la tal inspiración, entendida como soplo mágico, regalo de dioses benévolos en un momento de estro magnánimo ¡no existe!

En lo que sí creo es en el bagaje cultural, construido pacientemente por un intelecto hambriento, constantemente dedicado a la búsqueda de información y ávido de conocimientos. Creo en la imaginación como resultado del haber cultivado la observación y de la constante inquietud por perseguir sueños con tenacidad y constancia, creo en el sentimiento derivado del amor hacia cada persona o cosa puesta en este mundo para ser respetada o usada y, finalmente, creo en la inquietud para aportar a la humanidad, en retribución por los dones usufructuados, una parte del resultado del proceso que me convirtió en persona.

Por todo eso, estoy convencido que la tal inspiración es una consecuencia del ser pensante, una actitud consciente y permanente, latente en el individuo, y en todos los individuos. El hecho que algunos no ejecuten la habilidad intrínseca, a veces por falta de audacia o poca valoración de la autoestima, no significa que la posibilidad de creatividad sea don exclusivo de unos pocos elegidos. Por supuesto que la manifestación creativa dependerá de la tendencia personal hacia algún camino específico, a esto podríamos llamar vocación. Siempre sentí una gran envidia (sana, por supuesto) hacia mis amigos pintores, músicos o escultores, me encantaría poder obtener algún resultado, aunque fuera mediocre, de algún lienzo, instrumento o de algún trozo de madera o piedra, lamentablemente mi escaso talento en ese campo me negaría la posibilidad de aportar algo perdurable al género humano.

¡Pero descubrí la pluma!

Por último aconsejaría a todo aquel que desee recorrer el camino literario, asumir la tarea con el bagaje fundamental para toda tarea que se desee emprender: la disciplina. Una manera para asumir la tarea con éxito es dedicar cada día un determinado espacio de tiempo a la escritura, buscando el horario que más se preste en cada caso y hacerlo siempre en el mismo itinerario.

Un poeta amigo, definió en una oportunidad la escritura como: “La disciplina del silencio”.

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