La cultura de un pueblo es la forma de expresión, de sentimientos, de heridas, de huellas al fin y al cabo. Antonio Buero Vallejo, nacido en Guadalajara en 1916, recluido en el campo de concentración de Sonseca en Castellón, pasó por diferentes prisiones tras ser conmutada la pena de muerte y aplicada la pena de 30 años. Una vida después de la muerte donde tras las rejas comenzó su vida de escritor, tardío como muchos otros en esos años. En la década de los 40 pondría fin a sus años de presidio al salir de la cárcel de Yeserías. Fijaría así su residencia en Carabanchel Bajo y pronto se haría miembro del Ateneo de Madrid.

Antonio Bueno Vallejo fue la figura central del teatro de postguerra y acicate simbólico, social y crítico del franquismo. Su obra parte del costumbrismo en gran parte de su primera producción, para, nadando contracorriente en la España franquista de comisarios políticos y censores, realizar una punzante mirada a nuestro país, a nuestras miserias pero sobre todo a los anhelos de libertad y dignidad del ser humano relegados en un colectivo maniatado, el pueblo, la comunidad, el grupo. Antonio Buero Vallejo es con todo derecho uno de los grandes dramaturgos universales de nuestro país, y uno de los referentes del teatro europeo de postguerra, un compendio de arte y activismo social, que se desarrolla a través del simbolismo, la crítica social y los dramas históricos.

Son obras como Historia de una escalera (1949), El tragaluz (1967), o la Fundación (1974) fieles representantes de esa forma de hacer teatro que supone desarrollar hasta el detalle los pequeños cataclismos sociales y llevarlos a símbolos universales de nuestros tragedias humanas.

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