Tan sólo tres meses son los que nos distancian de la Feria Internacional de Arte Contemporáneo de Madrid, una de las más importantes del mundo. Este año, la famosa feria, se celebrará del 22 al 26 de febrero en la Feria de Madrid: Ifema.

Ante estos hechos a los que nos acercamos y debido al elevado precio de su entrada, cabe cuestionarse si realmente el arte actual merece tanto la pena como contemplar Las Meninas de Velázquez en el Museo del Prado o Mujer en el baño, de Roy Lichtenstein, en el Museo Thyssen-Bornemisza.

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¿Y quién se atrevería a decir que no? Este 2016, pude asistir a la mayoría de las ferias de la semana de arte madrileña: ARTMADRID, FLECHA, JUSTMADRID, ARCO y formar, por tanto, una opinión consolidada de la industria, tras hablar con diversos artistas como Mareo Rodríguez o José Ramón Lozano. Para empezar, habría que comparar la visión del arte anterior al llamado arte actual, manteniendo aquello de que el arte se basaba en “óleos, esculturas y arquitectura” y añadiéndole muchos otros formatos o tipos de arte: fotografía, mecrilato, agua, etc. 

En cuanto al mercado y el coleccionismo actual español, este es proporcional a la economía cuando la economía iba perfectamente, no era tan minoritario.  Está vivo pero los precios de las obras de arte españolas son más bajos que la media, algo originado por los problemas del país, la deuda y la falta de liquidez. En España por tanto, el coleccionismo es bastante reducido, los coleccionistas se encuentran más pendientes del descuento y eso proporciona un fuerte desequilibrio en la relación entre artista y coleccionista.

Sin embargo, el mercado español no se diferencia tanto de otros mercados internacionales ya que compran arte o bien cuando son muy ricos o cuando esperan serlo aún más en el futuro, porque es un símbolo de riqueza, de poder, algo que se mantiene desde el mundo antiguo.

En comparación con el mercado internacional, sin duda la oferta española está a la altura, pero se necesita tiempo para proyectar a los artistas a nivel internacional y este es un problema con el que están luchando todos los países con economías pequeñas como España.

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De la que habría que hablar en términos de coleccionismo como un porcentaje muy reducido del mercado internacional. 

Ya dejando de lado el tema coleccionismo, los artistas son cada vez más revolucionarios. Tras el postimpresionismo y la llegada de las vanguardias ya se intuía que no iba a haber vuelta atrás, y efectivamente, el afán por impresionar y ser diferentes es cada vez mayor. Desde tambores que encierran dentro cadáveres de animales a carros de la compra.

Esto lleva a que el ciudadano medio considere este "arte" como algo que carece de belleza, lo que diferencia en cuanto a opinión al arte actual del antiguo. Sin embargo, Dalí ya fue precursor de ello con sus objetos surrealistas y nadie diría a día de hoy que Salvador (¡yo soy el surrealismo!) no fue un artista envidiable.

Como conclusión, habría que hacer referencia a que estas ferias, que por su puesto acumulan muchos progresos a sus espaldas, tienen muchos logros por acabar de conseguir.

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Convertirse en ferias más humanas, en las cuales se deje de ver a visitantes que pasean y hablan de cualquier cosa menos del arte con obras de fondo o como paisajes, que utilizan para hacerse fotos con ellas y no apreciar o ir más allá de lo que un primer vistazo te aporta, dejando de tener esa sensación de que allí todo, desde los que pasean a los extintores, están a la venta. Es un mercado, sí, pero un mercado que impide apreciar el arte de una forma más profunda y creo, fielmente, que eso es lo que diferencia a los artistas de hoy día de los artistas del ayer: los lugares y la percepción del arte que tiene la población.

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