La categoría estética de lo sublime es de las más románticas del siglo XIX, mientras la belleza lo era del clasicismo. Pero no fueron Kant ni Burke los primeros en hablar de ella. Existió un personaje entre los siglos I y III, el Pseudo Longino, quizá unantecedente delAnónimode tantas obras,que escribió un pequeño tratado titulado "Sobre lo sublime" donde defendía que hay textos capaces de trasladar al lector al éxtasis. Avancemos hasta el siglo XVIII, Burke y Kant comparten la opinión de que en lo sublime hay una grandeza tal que causa placer y temor. Así los cuadros de C. D. Friedrich muestran una naturaleza inmensa que atrapa al sujeto, al del cuadro y al que mira.

O ya entrados en el siglo XIX con la obra de Turner, donde la niebla ocupa la mayor parte de sus cuadros tragándose a los diminutos personajes que aparecen representados de vez en cuando en una esquina de la obra.

Hoy en el siglo XXI siguen vivos esos vestigios tan propios del romanticismo. Lois Patiño muestraNa Vibración,Montaña en sombrayNoite sem distância,en el espacio Visiones Contemporáneas del DA2 de Salamanca. La sala que acoge las proyecciones es el lugar donde el espectador está llamado a encontrarse con su pequeñez enfrentada a la inmensidad y la potencia de la Tierra. La fuerza del agua y los volcanes amenazan acabar con los individuos hoy convertidos en turistas, que poco a poco han invadido esos espacios.

La sublimidad de las montañas parece devorar al espectador al convertirse en una atmósfera donde los elementos dejan de ser reconocibles, dando paso a la abstracción que de nuevo desborda al espectador. Recordando los cuadros de los pintores del XIX, hoy las nuevas formas incluso rebasan la pintura y nos encontramos ante paisajes sonoros que junto con lo visual, acentúan el abismo hacia donde el artista busca sumergir al sujeto.La disolución de las formas parecen querer llenar la mente con ese horror delicioso que causa la ilusión de lo infinito.

El oídoy la vista se alían en la obra del cineasta gallego, ambas sensibilidades nos conducen hoy a esa experiencia sublime. En palabras de Burke, nos "subyuga el alma" para llenarla de terror en la inmensidad de la naturaleza que nos sobrepasa al tiempo que nos llena de placer por sabernos en la distancia.

Seguimos en una sala del museo, ante el engaño delicioso de lo audiovisual que reactualiza una vez más la categoría estética de lo sublime, y nos regala la experiencia inconmensurable de la fuerza de la Tierra contemplada desde la trinchera apacible del museo.

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