En el año 2001 Génova organizó la Cumbre Mundial pero de forma paralela se llevaba a cabo el Foro Social Mundial en la ciudad italiana. “Otro mundo es posible” se gritaba frente a la férrea seguridad de los altos jerarcas, escatimando la libertad de la población por “su” seguridad. La ciudad de Ragazzo vivía la restricción mas dura de derechos sociales en el continente, se cerraban las fronteras y se suspendía el tratado de Schengen. Se prohibían las manifestaciones y reuniones en la ciudad y también se censuraban las pancartas, incluso la ropa en los balcones.

Carlos Giuliani era un joven que vivía en una casa Okupa con unos amigos, leía, estudiaba, hacia la vida de cualquier otro joven con ideas.

Su compromiso le llevó a la desobediencia civil en una ciudad sitiada por 30.000 policías, enrolándose en la Columna de desobedientes que se propusieron  romper el cerco de la Zona roja de seguridad, la de los poderosos. Le mataron por una acción pacífica ante la provocación de los violentos, ¿quienes? Los que tienen las armas claro.

La obra teatral, un ejercicio necesario de memoria plantea la violencia institucional, la legítima según ellos ante la respuesta de la ciudadanía frente a su tiranía. El próximo 11 de Octubre podremos ver en El teatro del Barrio esta puesta en escena, que responde al activismo social y político que desde sus comienzos esta pequeña pero representativa sala de Madrid, está llevando a cabo.