Michael Kiwanuka publicó el 15 de julio de este año su esperado nuevo disco titulado Love and hate, cuatro años después de su primer álbum, "Home again". Este último fue un agradable sorpresa, y lo normal era querer más de este prometedor músico inglés de ascendencia ugandesa (sus padres huyeron del régimen de Idi Amin Dada rumbo a Inglaterra, concretamente al barrio de Muswell Hill, en el norte de Londres). Pero la espera se hizo larga, y por ello como es normal, las expectativas del nuevo disco fueron cada vez mayores.

"Love and hate" ha superado las altas expectativas que tenía en él. No en vano se ha convertido en uno de los mejores discos del año.

Un disco que supera con creces al ya genial "Home again" del 2012. Escribía Fernando Navarro para El País que con este disco nacía una estrella. Y no puedo más que corroborarlo. Ha hecho falta dejar reposar el disco una meses para afirmar que estamos ante una obra maestra.

Kiwanuka explora en este álbum, en sus propias palabras, "las emociones humanas y el conflicto que generan cuando no eres capaz de gestionarlas bien". Necesidad de amar, soledad, culpabilidad, son los temas principales del disco.

La primera canción, "Cold little heart", con una intro (mejor y más alargada en la versión en directo), recuerda claramente a Pink Floyd. Los casi 5 minutos instrumentales hasta que de repente aparece la voz de Kiwanuka son simplemente una delicia.

En mi opinión la mejor canción del álbum. Después llega "Black man in a white world", un tema que te clava por su dureza ya con solo leer el título.

Estamos ante un disco de esos de los que se dice que no tienen una canción mala. "Love and hate", Faher´s child", "One more night", y sobre todo la poderosa "The final frame", que cierra el disco, son los temas más destacables, para mi gusto.

Quizá la influencia de Van Morrison que mostró en su primer disco, no se vea tan claramente como sí lo hace la de Marvin Gaye o la de Bill Whiters Ahora aparecen nueva influencias en Kiwanuka que no se veían en "Home again", un álbum que en ocasiones se acercaba a un estilo más pop. Pink Floyd, Jimi Hendrix son esos nombres que te saltan a la mente.

Kiwanuka tira más de guitarra eléctrica que de acústica, y posiblemente la influencia folk deja un mayor hueco al soul y al rock. Grandes y sorprendentes solos de guitarra acompañados de una amplia banda descifran otra de las claves del éxito.

En fin, creo que no hace falta que lo recomiende más. Kiwanuka me podría pagar por hacerle la pelota, me lo merezco.

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