La primera película del hechizero superheróico llega a la gran pantalla con la intención de ampliar el Universo cinematográfico Marvel con la introducción de la magia. Esta nueva área de la realidad resulta uno de los alicientes más interesantes de una obra que saca todo el partido a sus efectos visuales.

Scott Derrickson aprovecha el efecto calidoscópico para jugar con la perspectiva en un multiverso de ficción completamente fiel a los dibujos psicodélicos de Steve Dikto. Un logrado uso de su más que justificado aspecto visual que convierte este apartado en un elemento esencial del carácter de la película y no simple pirotécnia.

Sin embargo, la visión de Derrickson viene fundamentada no sólo en la magia, sino en aquellos que la realizan. Un plantel de actores liderados que aportan unas más que correctas interpretaciones. Este cúmulo de talento viene favorecido por unos personajes con unas motivaciones bien fundamentadas que no dejan cabos sueltos.

Benedict Cumberbacth consigue ceder un porte imponente acompañándolo de una personalidad arrogante llena de humanidad. Una labor encomiable que justifica un protagonismo que no eclipsa al resto del reparto, entre los que destacan Tilda Swinton y Chiwetel Ejiofor con unos roles cuyos matices llenos de claro oscuros. Un buen hacer en el que no se debe olvidar a Madds Mikelssen; un villano mucho más coherente y justificable que otros presentados en franquicias similares.

A pesar de la grandeza de sus actores y su carácter visual, Doctor Strange es una historia con un ritmo apresurado. El espacio que ocupan la enorme cantidad de elementos a introducir hacen que la película tenga cada vez menos tiempo para el desarrollo de la trama o de su personaje principal. Una celeridad que apenas dejalugar para la introspección en una película cuya filosofía oriental pide a gritos un tono mucho más místico.

Sin embargo, esta instrospección queda sustituida por un carácter de comedia ocasional. Un humor que despierta la risa, aunque en ocasiones resulte excesivo.

En definitva, es una obra entretenida con una gran cantidad de elementos fascinantes que bien podrían haber hecho de esta película algo mucho mayor.

Una posibilidad perdida que hace que se espere con impaciencia una secuela libre de estas presentaciones y que sea capaz de lanzarse de lleno en la magia que ha creado.

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