El otro día fui al cine porque me gusta que me roben con consentimiento, y descubrí que actualmente es posible pagar la entrada con órganos del cuerpo humano. La mía, concretamente, me salió por un riñón y un ojo de la cara. La cuestión es que, durante los escasos dos minutos (nótese el sarcasmo) dedicados a la publicidad y al avance de estrenos, me vino a la mente el recuerdo de una mujer que realmente merece que su vida sea proyectada en la gran pantalla.

Hago referencia a Christiane Desroches Noblecourt, la salvadora de Egipto, quien falleció en junio de 2011 tras haber vivido una aventura histórica.

Luchó por mantener vivo el recuerdo de la cultura egipcia, a la que tanto admiró; y por ello siento que yo debo hacer lo mismo por ella.

Esta egiptóloga francesa, que formó parte de la resistencia contra los nazis, fue determinante en la salvación de los templos de Nubia, entre ellos el de Abu Simbel, que iban a ser anegados por la gran presa de Asuán. Pese a ser tachada de loca por los americanos, de arrastrar irresponsablemente a la UNESCO por agentes de la CIA, y de tener una imaginación perturbada por el embajador de Estados Unidos, Christiane no desistió en su lucha por trasladar los monumentos a un lugar seguro y salvarlos de su destrucción.

Gracias a ella, actualmente se puede disfrutar de los templos de Ramsés II y de su esposa Nefertari, tallados en la misma roca, en Abu Simbel.

Algunos encontraréis familiar este nombre, pues el lugar aparece en la película El regreso de la momia, protagonizada por Brendan Fraser cuando aún había esperanza para él en el mundo del espectáculo.

Por otro lado, la maravillosa egiptóloga dedicó igualmente su vida a difundir la historia de los faraones Ramsés II, el famoso Tutankamón y la misteriosa reina Hatshepsut.

Podéis, y os recomiendo, leer sobre ellos en Ramsés II: la verdadera historia, Tutankamón, vida y muerte de un faraón, y La mujer en tiempos de los faraones, todas ellas obras suyas.

Christiane Desroches fue la primera egiptóloga en viajar al país de las pirámides, la primera en abrirse paso en una disciplina tan misógina, la primera en plantar cara a los altos cargos varones de organismos americanos y franceses, y la primera en beber directamente de la botella.

Incluso hizo volar al mismísimo Ramsés II sobre las pirámides de Guiza en 1976, cuando el faraón iba a ser trasladado desde el museo de El Cairo a París para ser sometido a un tratamiento anti-hongos. El difunto soberano sobrevoló las majestuosas construcciones más de 3000 años después de su muerte. Un magnífico gesto.

Por todo ello, me enrabieta y ultraja comprobar cómo en la entrada dedicada a Abu Simbel de un conocido portal de cultura no se menciona la labor de Christiane en la salvación de sus templos y monumentos. No tardaré en iniciar una campaña o una recogida de firmas para que sea incluida en el post.

Finalmente, más calmado, despido el artículo rescatando unas palabras de la egiptóloga en una entrevista con Jacinto Antón.

“Los egipcios dieron la sabiduría al mundo, su mensaje es de conocimiento y tolerancia, pues no olvidemos el gran papel, insólito en la antigüedad, de la mujer en egipto. Ofrecen una lección de humanidad, serenidad y paciencia, algo muy útil para mí, que soy muy temperamental”. Lo que traducido al egipcio antiguo sería: “ojo, pájaro, ojo, camarero ofreciendo bandeja de canapés”. Christiane, muchas gracias.

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