Es posible que la burbuja del thriller en España se rompa sin previo aviso por el uso que se le está dando estos años. Pero mientras tanto disfrutemos. El cine español ha encontrado una vía de escape con la que quitarse lastres y tópicos aplicándole calidad e interés a sus nuevas películas. Son muchos los nombres que me vienen a la cabeza sólo de esta década, a saber: No habrá paz para los malvados de Enrique Urbizu, año 2011. El niño, Daniel Monzón, año 2014 o La isla mínima de Alberto Rodríguez del mismo año. Sin olvidarse de Grupo 7 de Alberto Rodríguez del año 2012. Pero a mí, por lo menos en cuanto al guión, la película me recuerda a La caja 507, de Enrique Urbizu, con Antonio Resines y José Coronado, aunque eso sí con protagonistas totalmente opuestos, pero con un pasado parecido.

Con tarde para la ira, Raúl Arévalo nos demuestra que el género aguanta y a un nivel muy alto. Y lo hace principalmente gracias a la intriga generada a través de la actuación del protagonista. Antonio de la Torre atrapa desde el primer momento. Un personaje atormentado, poco hablador, antisocial y que tiene su vida en un bar cualquiera de Madrid. Este actor, junto con Luis Tosar, se ha convertido en uno de los principales seguros del Cine español. Su imagen sirve como simple reclamo de la película a la que acompaña.

Y los personajes que se encuentran en ese pequeño bar sirven para intentar dar algo de luz, de claridad, a través de sus sombras, al personaje principal. Ana, interpretada por Ruth Díaz, es presentada como la imagen femenina perfecta de José, el protagonista, ya que vive en una oscuridad parecida a la de él.

Con un novio en la cárcel y trabajando junto a su hermano y su familia en un bar, parece arrastrarse por este mundo.

Con esta fórmula, la de conocer al personaje principal gracias a tener que conocer a los secundarios, el director mata dos pájaros de un tiro de una manera brillante. Pero al elenco le falta un personaje: Curro, el novio de Ana.

Y es que el comienzo de la película marca el devenir de los hechos. Con un estilo en cuanto al guión que recuerda también al Iñarritu anterior a El Renacido y Birdman (la trilogía de la muerte con Amores Perros, 21 gramos y Babel), basado en las consecuencias de los actos y en la unión de personajes gracias a un hecho dramático, alcanzamos en la segunda parte de la película el sentido que tiene la vida de José.

Curro había participado en un atraco a una joyería (muy destacable esa primera escena con la cámara dentro del coche) en donde la mujer de José había sido apaleada hasta la muerte y su suegro estaba en el hospital.

Cuando ambos personajes se encuentren, se desatará en pequeñas dosis la rabia y el dolor del personaje interpretado por Antonio de la Torre. Escenas violentas, tensas (destacar el uso del silencio), que enorgullecen y dan sentido a la película.

En conclusión, una película brillante (algo que en los últimos años nos estamos acostumbrando a ver en el Cine español), que engancha desde el primer minuto y que cumple con una primera parte lenta que justifica claramente lo desatada de la segunda.

No todo es positivo. Por momentos (sobre todo en la primera parte), hay escenas en donde no entiendo a los personajes (no entiendo lo que dicen y creo que todavía estoy muy joven para ir pensando en GAES), algo de lo que ya ha sufrido y bastante el cine español (en especial con cualquier actuación de Mario Casas), y por otro lado, aunque no lo encuentro molesto, creo que podía ser prescindible el uso de rótulos para diferenciar la película como si fueran capítulos de un libro. En fin, que poco más que decir, más que recomendarla y mucho.

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