El 18 de septiembre de 1970 encontraron a Jimi Hendrix en el sótano del hotel Samarkand en Notting Hill, Londres, sin vida. Cuarenta y seis años después me pregunto qué puede significar morir. Desde luego, Jimi Hendrix no murió ese día. Puede que el niño vudú dejara su cuerpo, pero su halo de energía inunda hoy a todo aquel que escuche la distorsión de su Stratocaster en cualquiera de sus grabaciones.

Literalmente, hacía lo que quería con la guitarra. Cuentan que dormía con ella. Era una extensión de su ser.

Es lo que transmiten inolvidables conciertos como los de Woodstock del 1969 y Monterrey de 1967. En este último trascendió la vigilia de sus fans, pues la imagen de Hendrix arrodillado avivando el fuego que acababa de prender él mismo a su guitarra, la recuerdo como un sueño. Poco más se puede escribir sobre el virtuoso del delta del Mississippi. Podemos, sin embargo, recordar parte de su historia.

El día en que Clapton conoció a Hendrix (y no al revés)

En el año 1966 los británicos The Animals ya se habían separado y su bajista, Chas Chandler, hacía ahora de representante.

Ya conocía a Hendrix cuando viajó a Nueva York y lo vio en directo. Aun así, cada actuación del niño vudú traía sorpresa: Jimi Hendrix abrió el concierto con una versión de Hey Joe que asombró tanto al inglés que inmediatamente pensó en llevarlo al Reino Unido. La condición de Hendrix para viajar al otro lado lado del charco únicamente fue que Chandler le presentara a Eric Clapton y a Jeff Beck.

Por entonces, Cream estaban forjando su propia leyenda, eran el grupo más importante de Londres y su guitarrista, Eric Clapton, era tan aclamado por sus seguidores que incluso había pintadas por las calles de la ciudad que afirmaban “Clapton is God”.

Sus tres miembros se lo tenían tan creído que se habían bautizado así porque se pensaban la crème de la crème. Pero una semana después de aterrizar, Hendrix pidió improvisar con ellos en directo.

Esa noche, el niño vudú enchufó su Stratocaster (para zurdos aunque tocada como diestro, así le gustaba a Jimi) al ampli del bajista y tocó un atronador y difícil blues que dejó boquiabiertos a los Cream, al público, y a Londres.

Cuentan que a Clapton, al verle actuar, se le cayeron los brazos y se tuvo que ir del escenario. Se fue a fumarse un cigarrillo, temblando de nervios. Hacía años que Clapton se había ganado el apodo de Mano lenta. Ironías del Rock.

Audaz como el amor

Sensible y apasionado como sus actuaciones, Jimi Hendrix abandonó accidentalmente el mundo de los mortales. Nos dejó una influencia sobre la Música rock de tal fuerza que todavía vibra su distorsión. Con una técnica impecable y una energética actitud, grabó potentes temas que forman parte de la historia del rock, como Foxy Lady o Purple Haze y mejoradas versiones como Bold As Love o All Along The Watchtower, por citar sólo unas pocas.

Hasta siempre, Jimi, quienes te escuchamos seguimos ardiendo, como aquella guitarra.

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