Probablemente, muchos hayáis visto u oído hablar del Castillo de la Atalaya (Villena), edificio militar construido por los árabes sobre el siglo XII, muy bien conservado en la actualidad y testigo de numerosos y a menudo curiosos acontecimientos.

Sus famosas bóvedas almohades (únicas en Villena y Biar), sus recintos amurallados con torreones circulares o semicirculares, que los hacían más resistentes, las preciosas escaraguaitas que encumbran la terraza de la torre del homenaje, la técnica del falso despiece, ejecutada con mortero de cal (en la restauración emplearon unas plantillas) y cuyo objetivo fue engañar a los enemigos haciéndoles creer que la torre estaba edificada por robustos bloques de piedra.

Los nódulos ferrosos que revisten algunas de sus paredes, transmitiendo un mensaje publicitario de "Venid pequeños, tengo hierro para aburrir, armas, y veréis lo que os espera si os acercáis", una gran idea de don Juan.

¡Alto! En este artículo no voy a entrar en datos técnicos ni cuestiones arquitectónicas, ni en los conflictos y el poder, que podrían dar para varios tomos, sino en algo mucho menos trillado y no menos interesante, de la añoranza y su carácter nostálgico y sentimental. Los grabados que podemos observar en la segunda sala del homenaje de este emblemático edificio.

En el castillo hay una dependencia privada, con ventana única, por la quela luz penetra por el oeste. No es casual esta privilegiada ubicación que permitió a Don Juan Pacheco, conocido como el Marqués de Villena (muchos lo conoceréis por la famosa serie "Isabel"), gozar de unas magníficas vistas del atardecer, con su fresca laguna.

Pero no todos corrieron ni mucho menos la misma suerte, pues también hubo prisioneros, a veces los grandes olvidados, que vivieron su cautiverio entre un mar de recuerdos, y a través del Arte lograron al menos sentirse más cerca de su vida y su hogar.

Castillos, un jarrón con flores, olas del mar, y hasta un graffiti veneciano, se han encontrado en las paredes de la segunda sala del homenaje.

Éste último, es obra de un prisionero de la guerra de sucesión, cuando unos pocos borbones resistieron durante 8 días el asedio por parte de los austríacos.

Volviendo al esgrafiado veneciano, en la fotografía podemos observar la visión tridimensional que este prisionero tenía, donde se representa tanto la fachada, como la planta, con el patio exterior de este fabuloso edificio italiano, vamos, una maravilla que al completo debió lucir mucho mejor.

Como siempre, si seguimos profundizando en la historia, encontramemos muchas otras curiosidades, así que os animo a que continuéis investigando por vuestra cuenta amigos.

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