Siempre hay una primera vez donde tienes que escribir algo sobre los Beatles, es imposible no hacerlo. En algún momento, un libro, un película remasterizada, una efeméride como los 50 años de la aparición del Sargents Peppers Lonely Hearts Club Band (que será el próximo 1 de junio del 2017), habrá un momento donde tengamos que hablar del fenómeno más apabullante de masas que se ha dado en la cultura popular. La aparición de esos cuatro chicos allá por el año 1962, supuso el comienzo de algo que no se conocía, un movimiento colectivo de admiración sin límites, el nacimiento del fenómeno fan y del seguimiento, como un acto de fe, de un grupo musical allá donde esté.

Ron Howard (Apolo 13, Una mente maravillosa, El código Da Vinci), se sumerge en eso, el fenómeno Beatles, como un acto de análisis sociológico de cómo el grupo de Liverpool cambió el mundo.

The Beatles: eight days a week, es un documental que se podría haber hecho antes, quizás faltaba juntar desde otro punto de vista a los dos supervivientes (Paul Mccartney y Ringo Star) y algún que otro personaje, como así lo ha hecho el director, en un juego inteligente de testimonios. Cabe destacar la aparición de algunos artistas que vivieron el fenómeno Beatles en su momento, como adolescentes hipnotizados. Es el caso del músico de Liverpool Elvis Costello, o las actrices norteamericanas Sigmone Weaver, o Whoopi Goldberg que señala la importancia que tuvo el grupo británico en la normalización de las relaciones blancos-negros en la cultura de una generación norteamericana durante aquellos años tan difíciles y violentos “¿Cómo era posible que nos gustase música de blancos?” se pregunta en el film la actriz de color.

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“La respuesta era que nos hacía mejores” señala, nos acercaba en una comunicación de amor. Los Beatles fueron un arma de destrucción de las diferencias y sobre todo de unión por la belleza del arte. Una maquina bien engrasada desde las manos de Brian Epstein, el genial manager de la banda que junto al productor musical George Martin crearon entre bambalinas al mito.

En el film la figura del Brian Epstein toma un fuerza enorme, fue el verdadero director de orquesta, el pegamento de un fenómeno de masas que comenzó de concierto en concierto. De llenar a cientos de personas en The Cavern, a pasar a miles, comenzando la era de los grandes conciertos musicales en estadios. Los Beatles fueron el primer grupo en la Historia de la música que pasó de llenar auditorios y teatros, a reventar estadios con más de 50.000 espectadores. El fenómeno de masas, la histeria y la obsesión de miles de seguidores era algo nuevo para todos, para el orden competente e incluso para ellos mismos “Tanta obsesión era intimidante.

Éramos unos críos y estábamos asustados” confiesa Paul McCartney durante una de las entrevistas. “Nos teníamos los cuatro, uno a los otros y eso se notaba en la música”. Desde el año 1962 hasta 1966, The Beatles crearon el mundo, tal cual, eso es lo que nos viene a decir Ron Howard. De esos cuatro chavales de Liverpool a los músicos más influentes de la modernidad (son la banda con más números uno en listas de la Historia).

Es reconfortante contemplar en el film imágenes recuperadas del Liverpool de aquella época. Para el que aquí escribe repletas de cariño porque ha pisado esas casas y ciertos locales como The Cavern (aunque el emplazamiento donde ahora se encuentra no es el original), la calle Penny Lane, El campo de fresas (Strawberry field), el Hotel, que se pasó a llamar como la película, The hard days night; el Philharmonic, o el Jacaranda bar donde tomaban las cervezas estos jovenzuelos. Recuerdos aparte, el film recoge imágenes inéditas y subraya los hechos, sobre todo el final del viaje de los grandes conciertos con el último en el estadio Candestick Park de San Francisco en 1966. No soportaron la beatlemania, y no volvieron a dar un concierto hasta que en 1970 tocaron en la azotea de los estudios Abbey Road.