Con el estreno de Cazafantasmas (Paul Feig, 2016) empezó a sonar en los blogs, medios y boca a boca general una guerra armada mucho tiempo antes. Desde que, hace dos años, el director anunciase el remake del clásico del 84, protagonizado esta vez por cuatro mujeres, las redes se inundaron con comentarios sexistas y amenazas de no ir a verla. El estreno del tráiler en Youtube se convirtió en el peor valorado de todos los que Sony ha lanzado en su canal: supera el millón de dislikes, por unos doscientos noventa mil likes. Y es que es bastante ridículo que, esta vez, las físicas amantes de lo paranormal lleven la cara de Leslie Jones, Kristen Wiig, Kate McKinnon y Melissa McCarthy, pero es todavía peor que el secretario sexy e instrumentalizado sea el heroico, el ídolo Chris Hemsworth.

Qué manía con hacer todo feminista, por Dios.

Entrar en los comentarios del tráiler roza no solo la vergüenza ajena: también la misoginia. Uno de los post asumía que, “si la película tiene un 70% de valoraciones positivas en Rotten Tomatos, es porque la plataforma está llena de feminazis”, mientras que otro usuario aseguraba que “la película hubiese sido mucho mejor si la hubiesen protagonizado hombres, en vez de mujeres (VEN A MI, INTERNET)”. Etc, etc. El propio Ernie Hudson, el actor que interpretó en la primera cinta a Winston Zeddemore, declaró que del remake esperaba que “las mujeres sean graciosas, y si no, que sean sexys”. Mientras colectivos feministas se hacían eco de las constantes vejaciones, escribiendo artículos e hilos interminables en Twitter sobre empoderamiento y la importancia de la representación femenina, la película seguía su curso: castings, grabaciones, producción y un derroche de recursos en la premier neoyorkina.

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En cualquier caso, risas las justas. Leslie Jones, una de las protagonistas, abandonó Twitter ante las continuas interacciones racistas y sexistas. “Podéis odiar la película, pero la mierda que tengo ahora encima…está mal”. Horas antes denunciaba “me han llamado mono, enviado fotos de sus culos, incluso una imagen con semen en mi cara. Estoy intentando entender a los humanos.” La cómica volvió a la red social un par de semanas después. Lo curioso de la historia es que, pese a que se la tachó desde el principio de ello, no es una película feminista. Sí, en todo caso, empoderante. Es un blockbuster infantil que da importancia a la mujer, tan simple como eso. Y es que, si el Cine comercial está plagado de hombres (fuertes, vagos, altos o bajas, mayores o jóvenes), los personajes femeninos están tan estereotipados que cuesta encontrar uno que no sea madre o mejor amiga histérica. Por no hablar de mayores de 40 años, o mujeres cuya mayor preocupación no sea un hombre. Ellas no son así: al menos, no si hay un fantasma cerca.

No ha sido la calidad de la cinta lo que ha hecho las críticas, ni los halagos, online. Cada vez que una mujer entra en un espacio masculino, sale espantada por la presión y las continuas ridiculizaciones. Pasa en el mundo de los videojuegos, en YouTube, en el fútbol o en la escuela politécnica. Por qué es importante que se hagan producciones así lo explicó la propia Leslie Jones, en una entrevista en The View. La actriz confesó en ese programa que decidió orientar su carrera cuando vio a Whoopi Goldberg en la televisión: “mira, mamá, ¡es como yo!”.

Cazafantasmas es un blockbuster infantil, e irán a verla muchas niñas que se verán dibujadas, tal vez por primera vez, en adultas, cómicas, físicas. En mujeres que algún día pueden ser ellas, cuya máxima preocupación puede ser distinta a la talla 34 o el hombre de su vida. Porque nosotras también podemos ser fuertes, vagas, altas o bajas, mayores o jóvenes. No hemos venido a ser graciosas o estar buenas (lo sentimos, Ernie), pero aquí estamos. Poco a poco, pero cada vez, más.