¿Siempre has trabajado con actores discapacitados?

Sí. Comencé con este trabajo en Brasil en el 94 en Sao Paolo, y luego viaje a Portugal por un Master y desde entonces estoy allí. Ahora vivo en Madeira donde me contrataron para desarrollar este tipo de proyectos.

Siempre he trabajado con las personas discapacidades, y siempre he pensado en la danza para cambiar la imagen social que tiene la gente de ellos. Desde el principio tenía el concepto de una danza inclusiva, y ese concepto es el que voy desarrollando. Es pensar en juntar a esas personas, en si en las capacidades que tienen esas personas y cómo desarrollar espectáculos con calidad estética y artística, además de eso, generar autonomía de las personas con deficiencia.

Hablemos de la obra Bichos y también de la obra de Miguel Torga, ¿por qué Miguel Torga?

Fue idea de mi coreógrafo Rui Lopes Graça, el que escogió Bichos y a Miguel Torga, más esa aproximación de las fábulas era interesante. Siempre invito a coreógrafos y luego realizo la dirección artística. Tratar de cuentos o fábulas… en este caso, cada cuento de esos animales se dirige a cada hombre, tienen un punto en común cada cuento, cada bicho con las características de las personas.

La carga socio-política es muy fuerte en esta obra, más allá de la intención de trabajar con personas discapacitadas…

Bichos critica mucho la realidad política del Portugal de aquel momento (1940). Lo importante es la percepción social. Para mí es la carga de la obra, más allá de si lo hacen personas discapacidades.

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Bichos creo que tiene eso. Para quien no conoce la obra, pasa de forma no directa. Para quien la conoce esa carga la ve claramente. Pero quien se acerca sin conocerla, lo que ocurre son los sentimientos de cada animal, las relaciones que se entablan entre ellos, esto es lo que repercute en el público que absorbe esos sentimientos. Un hombre en la obra coleccionaba insectos y de repente ese hombre acaba apareciendo un insecto, una cara que no es tan real como los demás bichos, una cara de insecto-hombre con los sentimientos modificados, como un cuasi insecto. Después, hay un encuentro que Graça lo procura, un triángulo amoroso, la cigarra no quiere estar con el hombre sino con el cuervo. Eso pasa para el público de forma más fácil, es una de las cualidades que tiene la obra que se desarrolla para diferentes públicos. Tiene diferentes profundidades…

Torga escribió sus obras con un sentido crítico contra la dictadura de Salazar, la obra tiene un sentido de metamorfosis de hombres que se convierten en bichos y viceversa. Tiene un sentido Kafkiano respecto a lo social cuando la escribió…

Yo creo que se ve más dentro de la obra, esa carga política Graça la consiguió hacer con cada uno de los personajes.

Esa carga intelectual era muy importante de transmitirla, pero no era fácil. Teníamos que hacer que los actores que tienen una deficiencia intelectual estuvieran muy próximos al personaje que interpretaran, para que la dirección del sentido de ese personaje se acercara a la intención intelectual.

¿Cada uno de los actores elije a su personaje animal?

No, la decisión fue de Graça, sabiendo la historia personal de cada uno de ellos.

El cuervo es el único animal que no entró en el arca de Noé. A partir del símbolo de la historia del ave, el único animal que negó los designios de Dios. El ejemplo de la historia de este personaje refleja la historia de los propios actores, al romper los designios de una vida casi marcada por ser discapacitado. Hay situaciones con varios hermanos, familias humildes y desestructuradas, que no podían permitirse que un hijo discapacitado fuera bailarín. El Cuervo indica lo contrario, la fuerza de la voluntad. De esa manera los animales fueron indicados para cada actor, dependiendo de la relación que pudiera tener el personaje con la vida del actor.

¿Qué otras obras tienen en perspectiva?

La próxima semana se estrenara en Madeira otras coreografías mías. Diez mil seres es uno de mis próximos trabajos.