Hoy 26 de noviembre se cumplen 102 años del nacimiento de Julio Cortázar, sin duda uno de los más importantes escritores de lengua castellana, así como también uno de los más trasgresores estilísticamente y depositario de un hondo cariño por parte de sus fanáticos.

Nacido en Bélgica en 1914, Cortázar tuvo una infancia difícil, con muchas mudanzas y un padre ausente a partir de los seis años. Era un niño enfermizo que pasaba mucho tiempo en reposo, por lo que la lectura fue su gran compañera desde el principio. Tenía un gran respeto por los clásicos, pero sus lecturas fundamentales vendrían en la adolescencia, a partir de un juvenil descubrimiento del surrealismo.

Después de residir en varios puntos de Europa la familia fue a parar a Banfield, en el sur de Buenos Aires. Ya como adulto enseñó en escuelas y en la emergente Universidad de Cuyo antes de obtener su título de traductor de inglés y francés. Poco después, por desacuerdos con el gobierno de Perón, se mudaría a Paris, ciudad donde residiría el resto de su vida y donde escribiría gran parte de su obra.

Se desempeñó como traductor durante muchos años, la mayoría de las veces para la Unesco. Amante del jazz y el boxeo, apasionado de la música y el arte en general, cosechó muchos amigos en su labor literaria y humanitaria.

A lo largo de su vida publicó más de treinta obras entre libros de cuentos, novela, poesía, crítica, traducciones y prosas breves.

Muchas de sus obras fundamentales se consideran trasgresoras para su época, imponiendo un estilo particular en la que las formas narrativas no solían ser lineales. Su novela y obra maestra rayuela, por ejemplo, es considerada por muchos estudiosos como una antinovela, aunque él prefirió el término de contranovela.

El concepto de obras con más de un orden posible en su lectura fue revolucionaria, pero también lo serían el estilo narrativo y el lenguaje al que recurrió. Sus obras posteriores seguirían y profundizarían esta postura.

Hoy por hoy Cortázar está más vivo que nunca, pues vive en sus libros, ya sea textos póstumos que siguen apareciendo o las constantes reediciones de sus clásicos.

Año a año cosecha seguidores, especialmente jóvenes, que mantienen vivo su legado y le presentan homenajes. El más conmovedor, sin duda, es el permanente aguacero de recuerdos, libros, cronopios y rayuelas que recibe su tumba en Montparnasse.

Después de todo, Cortázar es el más cercano de los grandes escritores, descendido del mármol y la fama para abrazar lo más íntimo. Por eso es que despierta tanto cariño entre sus seguidores ¿Y quién puede contradecirlos? Es imposible leer sus obras sin escuchar su profunda voz releyendo las palabras, con esas erres gangosas, ese destiempo parisino, esas misteriosas es que parecen os; todas fruto de su larga residencia en Francia.

Cortázar es un escritor querido porque escribió sobre cosas cotidianas, sobre como lo habitual puede volverse hermoso o trágico.

Entendió que todas las historias son buenas si se las cuenta apropiadamente.La admiración hacia él es menos reverencial que la que se les dedica a Borges o Sábato, que completan la trilogía argentina fundamental. A ellos se les destina el respeto que se les tiene a los buenos profesores. Sus fotos son casi académicas. Cortázar, en cambio, es ese amigo siempre joven y sonriente; pero a la vez culto, ingenioso y creativo que siempre te sacude con la frase correcta.

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