Quizás el mejor pebetero que se ha levantado en unas Olimpiadaslo vimos la noche del Viernes en el Maracaná. Abrió el telón la 31 olimpiadabajo las sospechas de su organización. Nada más lejos de la realidad, quizás no con las milimétricas propuestas de Londres o la espectacularidad tecnológica de Pekín, la ceremonia de Río ha sido otra cosa, pero para nada fue desmerecida, han dado lo que tenían y lo que tiene Brasil es siempre alegre y sugerente.

Con esta fiesta y el segundo día de competición, donde la nadadora Mireia Belmonte ha conseguido la primera medalla del equipo español en 400 estilos, hemos podido observar la hermosa ciudad de Río con la cobertura que ha desarrollado la televisión brasileña de la competición de ciclismo en ruta –para aquellos que creían que las Olimpiadas se ganan con una buena organización y buenas infraestructuras se equivocaban, se gana con geopolítica.

A Madrid no le tocaba. Uno de los objetivos principales del COI ha sido expandir el olimpismo a todos aquellas zonas donde aún, no había llegado la organización de unos juegos. Eso sí, bajo una intención económica clara de desarrollo de infraestructuras y de intereses económicos no siempre transparente, lejos del espíritu del Barón de Coubertin. Como podría imaginarse Río de Janeiro era un objetivo muy sugerente y la primera ciudad de América del Sur donde organizar el evento.

La situación vista 7 años atrás, presumía un futuro más halagüeño para la economía brasileña. El Brasil de Lula iba viento en popa y se había convertido en uno de los países emergentes y la desigualdad social bajaba. Hoy en día, Brasil se mueve sobre una crisis política y económica grave, que ha llevado al país carioca a tener un gobierno interino presidido por Michel Temer y con la actual presidenta Dilma Rousseff apartada de su puesto –de forma temporal de momento- por un proceso de impeachment por cuestiones procesales, debido a los escándalos de corrupción por el caso Petrobras.

La caída de exportaciones de materia prima, sobre todo a China (una bajada de más del 60%) y la coyuntura externa han generado un cúmulo de obstáculos, retroceso económico y finalmente, el malestar social de una gran capa de la ciudadanía. Las movilizaciones que se han dado estos días en las calles de Río, la crítica abierta al despilfarro de dinero que supone la organización de unos Juegos, como se ha podido constatar en las decisiones políticas de otros países, (el caso de Suecia al retirar su candidatura a los Juegos de invierno del 2022 para invertir en viviendas) han hecho que una gran cantidad de manifestaciones y de actos antiolimpiada, se hayan consumado en las calles.

La crítica a estos tipos de espectáculos por su elevado coste y filosofía de desarrollo económico, muy dirigido a las grandes intervenciones en infraestructuras, generando los intereses económicos de las grandes multinacionales de la construcción y la nada clara redistribución de esos beneficios a la población, es uno de los punto negros de ese “espíritu olímpico”.

Una nueva consciencia popular crítica ve en estos fastos un cúmulo de interese económicos y un modelo de proyección cultural puesto en entredicho. Hace pocos días una hembra de jaguar (Juma), se exhibía como parte de las celebraciones previas a la celebración de los juegos. Tuvo que ser asesinada por salir de la zona de seguridad. Describe de esta manera los peligros y falta de sensibilidad que muchos de estos eventos acompañan.

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