Anoche fui alFestival de Teatro Clásico de Mérida a disfrutar de la obra La Guerra de las Mujeres (Lisístrata). Mientras esperaba el inicio de la función se me vino a la cabeza que si estuviéramos en la Grecia de Aristófanes tendría prohibida la entrada al teatro por ser mujer. Es paradójico que hayamos convertido la obra más misógina de la literatura griega en un canto al feminismo. Para entender cómo y por qué ha pasado esto os animo a leer un revelador artículo del profesor Iglesias Zoido aquí.

Dando por hecho que iba a ver una Lisístrata feminista y revolucionaria entré al teatro a sabiendas de que no iba a ser una función al uso.

La gran Estrella Morente a la cabeza de un elenco de lujo. Poco o nada sé de Flamenco así que permitanme que no opine del cante, del baile ni de la guitarra. Como diría el genial Francisco Umbral, yo vengo aquí a hablar de Lisístrata. Y es que yo pensaba que iba a ver Lisístrata. Una Lisisítrata flamenca, pero una Lisístrata. Es decir, una comedia griega.

Cuando se apagaron las luces sacudió el escenario el estruendo de la guerra. La tensión del cante jondo no podía escenificar mejor el delirio y la pasión de la batalla. Y después llegó Lisístrata, Estrella Morente, y paró la música. “Bueno —pensé— empieza la comedia”. Media hora de cante y baile solemne hasta que por fin algo de alegría llegó con la vis cómica de Antonio Canales.

Un Antonio Canales inmenso, enorme, genial en los dos papeles que representa. Yo miraba a mi acompañante y juraba y perjuraba que Lisístrata era una comedia. Y de las buenas. Repleta de chistes fáciles y expresiones soeces. Pero aquello no era Lisístrata.

Perpleja miraba al escenario, a los espectadores de alrededor y pensaba si alguien allí conocía a Aristófanes.

Me costó media función entender que no estaba viendo Lisístrata, sino La Guerra de las Mujeres. Y yo, que nada sé de cante, ni de baile ni de guitarra, me abandoné al cante, al baile y a la guitarra. Y me rendí ante el poder del flamenco. La batalla de sexos que plantea la obra se convierte en una lucha cuerpo a cuerpo entre bailarines.

Los hombres, con rudeza, determinación, fuerza. Las mujeres con sensualidad, pasión, voluptuosidad. De la lucha cuerpo a cuerpo la obra transcurre hacía la alegría. La victoria de las mujeres se acaba convirtiendo en una juerga flamenca.

Es increíble la cantidad de emociones que transmite la voz de Estrella Morente y el baile de Canales, Aída Gómez y Mariano Bernal. La Guerra de las Mujeres pone en escena una Lisístrata emocional. Una hora y media de pura pasión. Y disfruté de aquella Lisístrata, aunque no fuera Lisístrata. Parafraseando al Times, no es teatro, no es comedia, no se la pierdan.

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