El Joker, mítico personaje de los cómics de DC por su fascinante diseño y sus características, tan divertidas como sádicas, de las que se desconoce su origen, es, cada vez que aparece en la gran pantalla, motivo de alborozo y de expectación máxima.

La principal razón de que esto sea así no estriba únicamente en que se trate de un súper villano, enemigo acérrimo de Batman, sino en motivos que desde el estreno de El caballero oscuro, dirigida por Christopher Nolan, van más allá de la excelencia cinematográfica.

Y es que Jack Nicholson, el gran actor hoy desgraciadamente retirado, fue un Joker muy aplaudido en el Batman de Tim Burton, pero su interpretación dejó de ser un referente cuando Heath Ledger elevó el personaje a la categoría de mito. Su transformación en el malvado antagonista fue tan espectacular en su caracterización, en el trabajo vocal de Ledger, y ensus extraños movimientos bucales, que cualquier interpretación posterior a la suya traería consigo odiosas comparaciones.

Hollywood se encuentra abordando un auténtico despliegue de producciones de superhéroes y resultaba inevitable volver a fijarse en semejante villano, Han pasado siete años desde que Ledger ganase un merecido Oscarpóstumo por su enorme creación y es ahora cuando nos enfrentamos al siguiente valiente con la determinación necesaria para darle de nuevo vida y, cómo no, situarse en el punto de mira de todos los fans que aunque entiendan que Heath ya no podrá repetir su hazaña, sienten que no habrá nadie capaz de igualarla.

Partamos de la base de que Jared Leto es un actor maravilloso. Camaleónico como pocos, obtuvo un Oscar incontestable como mejor actor secundario por Dallas Buyers Club, en la que se metía en la piel del fascinante transexual Rayon. Desde entonces no lo hemos vuelto a ver en pantalla alguna, ya sea grande o pequeña, por lo que el Joker de Escuadrón Suicida supone su retorno a la primera de ellas.

Es de agradecer que la composición física del personaje no sea idéntica a la de Ledger, de tal manera que nos ofrezca un Joker novedoso, con elementos plateados en los dientes y su mítica sonrisa diseñada para un uso “de quita y pon”.

Decisiones majestuosas para un personaje al que ya resulta complicado inventarle una imagen original.

Por el contrario, es su desarrollo el que falla. Tal vez sea culpa de los cortes en el montaje, de una copia final que ha tardado en ser la definitiva, pero lo cierto es que el Joker solo tiene presencia. Y poca, ya que es uno de los mayores secundarios de la cinta.

La escasa entidad que tiene en la pantalla desmerece el trabajo de Leto hasta dejarlo casi en nada.

Porque en una persona no todo es el físico, ni siquiera en la ficción. Su personaje más que aportar resulta ser un lastre. Es lógica su presencia porque la auténtica estrella de la función, Harley Quinn, es su novia y la película muestra el comienzo de su idilio y lo que ella está dispuesta a hacer por él, pero por mucho peso que tenga su justificación en la película, el personaje en síestá escasamente definido.

Sabe a poco, y no por los buenos momentos ofrecidos por él sino por la escasez de los mismos y ni Jared Leto ni los espectadores se merecen eso. Habrá que esperar a La Liga de la Justicia para saber si su Joker se redime.

Si llega a confirmarse la participación del actor en el blockbuster.

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