Transcurre el caluroso verano y no son pocos los que aprovechan para refugiarse en las salas de Cine, y es que la opción de película y palomitas junto al aire acondicionado es, sin duda, reconfortante para esta época del año. Pero… ¿te has preguntado alguna vez cómo Hollywood y la industria cinematográfica en general han configurado el imaginario colectivo? Son numerosas las escenas que se han convertido en recurrentes en las pantallas y que, en términos, históricos no tienen pies ni cabeza. Aquí van algunos ejemplos:

  • Las batallas entre caballeros medievales pertrechados con pesadas armadura: mientras que en la gran pantalla pueden durar decenas de minutos y están cargadas de florituras con la espada, lo cierto es que estos combates tendrían un resultado precoz y se asemejarían más a la lucha libre que a la esgrima, tratando de tumbar rápidamente al adversario para apuñalarlo aprovechando un resquicio entre las placas. Así lo asevera el documental de investigación “Back to the Source (Regreso a los orígenes)”. Además esta indumentaria era extremadamente incómoda, caliente y pesada; con una media de unos 25 kilogramos.

  • El Desembarco de Normandía y el papel de EE.UU. como salvador en la Segunda Guerra Mundial: una cantidad ingente de películas han hecho caja plasmando el conflicto bélico o hazañas conexas a kilómetros del frente. Con todo, predominando el cine de manufactura estadounidense es muy común que éstas se enfoquen lejos del frente del este, que fue en términos objetivos el más determinante del conflicto. No es un asunto baladí, décadas de propaganda fílmica han contribuido notablemente a cambiar la opinión de la gente, tal y como muestra un sondeo en Francia que cuestionaba sobre qué nación había contribuido más notablemente a la derrota de la Alemania Nazi realizado en 1945, 1994 y 2004. Se puede observar con claridad el cambio significativo de opinión con el paso del tiempo en la foto de dicho sondeo que encabeza el artículo. Cabe recordar que la Unión Soviética pagó un costosísimo precio en vidas en este conflicto, perdiendo a más de 20 millones de personas (un 14% de la población, frente al 1% en Gran Bretaña y el 0,2% en EE.UU.).
  • Pirámides y esclavos en el Antiguo Egipto: Contrariamente a la creencia popular, difundida en gran medida aunque no unicamente por el cine, las pirámides no eran construidas por esclavos. De hecho en el apogeo ramésida el bienestar social era notorio para la época, los obreros a sueldo del Estado disponían de una pequeña casa, salario y suministro de alimentos. Las condiciones laborales no estaban nada mal, incluían la jornada de 8 horas y el descanso de 2 días a la semana, estando justificada la ausencia laboral por enfermedad e incluso por conflictos familiares. Cada cuadrilla de obreros disponía de un médico y se tiene constancia de huelgas cuando los abusos de los capataces no eran remediados por la ley. Tan bellas obras e hitos de la ingeniería siguen dándonos que hablar, pero son también y sin embargo un símbolo de nefasta (y continuada) inversión del sobreproducto social tal y como afirma el historiador Neil Faulkner: propaganda, poder y privilegio consumían estos excedentes; y no un aumento en la productividad. Lo cual, ligado a factores como la fuerte división de clases en la que los sacerdotes atesoraban cada vez un poder mayor, anquilosaron a este antiguo régimen y precipitaron su caída.
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