A lo largo de la historia de la humanidad, han existido misterios hasta hoy indescifrables, uno de ellos, es sin duda, el enigma de los Caballeros Templarios.

Alrededor del año 1095, las peregrinaciones a Tierra Santa estaban en pleno auge, los caminos que conducían a Jerusalén, en ese entonces dominada por los Turcos, eran bastante transitados, lo que daba lugar a asaltos y cualquier tipo de peligros que ponían en riesgo a los fieles, que recorrían esos intrincados caminos hacia Tierra Santa.

Con el propósito de hacer frente a esa amenaza y de proteger a los fieles de los peligros a los que estaban expuestos en sus éxodos a Tierra Santa, se creó La Orden Del Temple, también llamados los pobres caballeros de Cristo o Caballeros Templarios, una poderosa estructura militar-religiosa, formada al inicio por nueve Templarios (monjes), dato que aún es inexacto, pues estudiosos del tema afirman que pudiese tratarse en realidad de 12, número que, medio siglo después, se multiplicaría de manera importante al extender su dominio a otros países de Europa.

Establecidos en Jerusalén, la Orden del Temple, cuyos integrantes se distinguían por el uso de un manto blanco con una cruz paté roja dibujada en el, gozaba de autonomía y un gran poderío económico y a medida que se extendía a otros países, sus bienes y riquezas se multiplicaban.

Si bien, se sabe que la orden fue creada con la finalidad de proteger a los peregrinos que transitaban los peligrosos caminos hacia Tierra Santa, algunos historiadores sugieren la hipótesis de que otro de los propósitos de su creación está estrechamente vinculado al interés en la búsqueda de  tesoros y reliquias, a los cuales se les atribuían poderes, lo que los hacía objetos muy codiciados y dado el lugar que habían elegido como acuartelamiento (El Templo de Salomón) las sospechas del posible interés de La Orden del Temple, por la búsqueda de esos tesoros, se fortalecían.

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Cuando se habla de la Cruz de Cristo, El Santo Grial o hasta del Arca de la Alianza, es imposible no relacionarlo con los Templarios, incluso aparecen algunos escritos que aseguran que la orden poseía un pedazo de La Cruz de Cristo, sin embargo, un tema estrechamente relacionado con la orden, es, sin duda alguna, su vínculo con el supuesto "Tesoro de los Templarios" estimado en más de 200 toneladas de oro y plata, los Manuscritos del Mar Muerto, parecen revelarlo.

 

Tras su expansión en Europa y gracias a los donativos y tierras que se les cedían, cada vez se hacían más poderosos. Alrededor de 1248, el Rey de Francia, Luis IX, los congregó a una nueva cruzada, la séptima, aunque esta vez no sería hacia Jerusalén, sino a Egipto, pero debido a la peste y a las eficaces tácticas de sus adversarios, serían derrotados. En 1291, tras una nueva derrota, transladan su cuartel a Chipre y el día 13 de Octubre de 1307, se ordena la captura de todos los Templarios y la expropiación de todos sus bienes.

Jacques de Molay, el último gran Maestre de la Orden y todos los demás, son torturados para que confiesen su herejía, cargo del cual eran acusados. Muchas hipótesis apuntan a que todo se debió a una hábil estrategia para librarse de una Orden que se había vuelto, poderosamente incómoda y para apropiarse de todas sus riquezas.

Más tarde, aunque interesado en el tema y habiendo anulado el juicio contra los Templarios, ya que no había pruebas de la supuesta conducta hereje de los miembros de la orden, pero al mismo tiempo muy presionado por el rey de Francia, el Sumo Pontífice, Clemente V, mediante un decreto Papal, procede a la disolución de la Orden.

Después de proclamarse culpables bajo tortura, Jaques de Molay, recupera el valor y declara a la Orden del Temple, inocente de todos los cargos, suceso que lo lleva a ser quemado, junto con los demás Templarios, frente a la catedral de Notre Dame, acusados de herejía.

 Es así como agoniza una orden que fue originalmente creada para la protección y vigilancia de los caminos que conducían a la Tierra Santa.