Si aún no lo has visto, es una de las recomendaciones que se pueden dar para ir al cine en este verano. En el sótano, es un cuadro demoledor de lo que es una sociedad, rica, culta, democrática y extremadamente oscura. Austria tiene un problema, Europa tiene varios problemas, quizás habría que preguntarse si Hungría es otro problema. Ulrich Seidl, un cineasta mordaz y demoledor, al igual que hizo con la trilogía Paraíso, donde despoja sin ningún tipo de piedad los anhelos de la cultura germánica (Amor, Fe, Esperanza). Muestra la educación y la idea de felicidad de una sociedad y cultura que esconde una enorme incapacidad de ternura,  expresando una violencia enfermiza: puro canibalismo.

En el sótano, el cineasta austriaco ahonda en la herida y como un cuadro de retratos bizarros y brutales, nos muestra con una cámara totalmente frontal a estos personajes, sus cotidianas perversidades, un estado de conducta que la cultura austrohúngara ha engendrado. En el film encontramos adorables vecinos admiradores del nazismo, personajes solitarios que adiestran a jubilados en el manejo de armas, cultivando el odio racial. También paisanos sadomasoquistas, mujeres con maridos esclavos, abuelas con muñecos bebés que acurrucan en sus brazos. Todo un escaparate de personajes disfuncionales, pero perfectos vecinos.

Un estado de shock, de nausea, es la que deja en el cuerpo semejante pintura. ¿Dónde está la bondad en este tipo de sociedad? Estamos contemplando a unos freaks, sin lugar a dudas, pero la mirada de Ulrich, va más allá.

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Estos freaks solamente se pueden dar en Austria, podríamos ampliarla a lo que fue el imperio austrohúngaro, en esta sociedad generada del racionalismo, el orden y la doctrina. #Cine