Todo lo que os voy a contar comenzó porque al Señor del Universo le llegó un mensaje de una mujer desesperada y muy angustiada, lanzado antes de morir. El mensaje decía:

«Dios misericordioso, apiádate de nosotros pecadores. Detén esta lucha absurda y fratricida. Hazlo por mis hijos, yo ya no tengo fuerzas, llevo sin comer ni beber mucho tiempo para poder dar a mis descendientes el poco alimento que tengo. Si no lo haces por mí, hazlo al menos por ellos . El caos se ha adueñado de la Tierra desde que nos tienes abandonados. Cientos, miles de religiones se han creado como excusa en tu nombre y cada una de ellas cree ser poseedora de la verdad. El arte y la cultura están en decadencia, el altruismo nos ha abandonado por completo y reinan a sus anchas el Ego y la Vanidad. Nos dominan La Envidia y La Lujuria. Por desgracia el pecado más asumible, más comprensivo, La Gula ha desaparecido.

 

«¿Para que estar en un mundo en el que la gente muere de hambre?, es de bobos» pensó en su momento La Gula y se marchó de vacaciones.

 

La Ira campa a sus anchas por las calles de las ciudades, de los pueblos, de las aldeas. La soberbia de los políticos está a la orden del día». siguió el ruego de la señora.

«La Avaricia es la madre de todas, se ha erigido en jefa y domina el planeta. Hay quien dice que el sexo mueve el mundo y tras el sexo el ansia de dinero, o al revés. Hay quien especula con la idea de que el ser humano ansía, el poder y el dinero para obtener sexo más fácilmente. La gente muere de hambre, la gente muere por defender su libertad, la gente muere por intentar ser libre en un mundo un poco más justo. Por favor señor te pido que no le des protagonismo a La Pereza y que nos ayudes a salvar la humanidad.»

El señor escuchó como el que escucha el cotilleo de un amigo y no le dio mayor importancia porque al señor le importaba un comino lo que le pasara a la Tierra y a sus habitantes.

Hacía mucho que había perdido toda esperanza de salvarlos, así que no tenía pensado molestarse en arreglar los problemas del mundo. Los humanos eran el mayor error que cometió al crearlos, pero eso ya no tenía remedio. Había tirado la toalla con respecto a los hombres del planeta Tierra….en eso andaba cuando le llegó su madre por detrás y le susurró al oído:

—Atiende el ruego de esta buena mujer, hijo hazlo por ti mismo, para que sepan quien manda, al menos. Envíales algún mensajero, un trueno que se oiga en todo el universo, o fuego que queme sus cosechas, lluvias torrenciales, catástrofes, tsunamis, haz que tiemble la capa de LA TIERRA, levanta el fondo de los mares, lo que sea para darles un toque de atención que les haga ver lo cuan efímeras pueden ser sus vidas, pero no los abandones a su locura o acabarán destruyéndose a sí mismos con lo cual perderás unos pocos e insignificantes adoradores, pero ese puede ser el comienzo del final.

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Te estás haciendo mayor y tienes que resolver este asunto cuanto antes. En tu querida Europa, por cierto, se están matando unos a otros, por nada, supuestamente en tu nombre.

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