Cuando en un café a uno lo encuentran leyendo, por ejemplo, “Los diálogos de Platón”, y siempre y cuando la persona en cuestión tenga la valentía de interrumpirle; normalmente se pregunta: ¿está estudiando filosofía y letras? Normalmente respondo que sí. Al menos eso consta en un documento universitario que me da cierta “validez” para ser un profesor de filosofía, o algo similar. Luego inevitablemente me preguntan.

¿Qué es la filosofía?

Normalmente cuando uno decide estudiar en la universidad este tipo de carreras, tiene pocas aspiraciones profesionales. Al menos ese fue mi caso; sólo deseaba reflexionar. Después, la necesidad de sustento y siendo ya un “profesionista de la filosofía”, supe que podía dar algunas clases de historia, literatura, psicología, filosofía y áreas afines. Descubrí que como académico de ésta área humanística nos destacamos más como lectores.

Luego entonces, a lo que verdaderamente debemos aspirar es a formar nuevos lectores de filosofía. Me da cierto pavor reconocer esa lamentable posibilidad. La filosofía empieza a tener ciertos enemigos que le impiden un buen desarrollo como materia. Y en las revistas de filosofía busca uno descargar esa furia, ese pavor por sentirse perdido en una especie de bruma tecnológica que invita al propio ser humano a “no pensar”.

La clave de todo esto está en que como filósofos no hemos sido, esa es una posibilidad por supuesto, de ser un canal de comunicación y reflexión para los demás, nuestros posibles interlocutores; para poder transmitirles nuestros impulsos morales. Tener claridad en la trasmisión de nuestras ideas. ¿Acaso seré yo? Que en realidad no tenga la capacidad siquiera de tener una fluida conversación con mis posibles interlocutores.

Sucede que las personas que me interrumpen en un café leyendo a Platón muchas veces me dejan hablando. Tan grande es mi egoísmo como conversador frustrado. Y probablemente esté generalizando esta problemática de los alcances de la filosofía en nuestra actualidad. No lo creo, o mi delirio de persecución humanística me vuelve en verdad paranoico. Bueno. Seguiré leyendo a Platón.

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