Cuando se le menciona a un librero español el nombre de Amazon es como abrir un sello apocalíptico en su cara. Su rostro se transforma y de su boca sólo salen oraciones sobre el cataclismo del fin de todos los tiempos para su negocio. Amazon es, entonces aquél que viene con una inmensa guadaña cortando la hierba seca o verde del fértil o infértil negocio de vender Libros. ¿Pero esto es una realidad absoluta?

Sin duda Amazon es un gran rival, aunque creo que se exagera en cuanto a su efecto directo sobre las librerías, y se sobrestima el que tiene sobre las editoriales.

La política de manejar costos casi a pérdida para vender en volumen es lo que más se teme de Amazon, porque aglomera una masa crítica de compradores tirando por el piso el precio del libro, y recuperando con otras ventas lo que pierde en estas.

Algo muy agresivo que en países con precios protegidos sobre los libros pone en desventaja a las librerías. ¿Pero las condena?

Como todo en un mercado libre, va a depender de las acciones que decidan tomar las librerías frente al coloso americano. Hay que estudiar bien los puntos débiles de Amazon, y al analizarlos son más grandes que las razones por las que se les teme.

Nos centraremos en el discurso que interesa en esta nota: Amazon no puede suplir a un buen librero. Y es allí dónde radica el primer ejercicio de humildad que debe hacer todo aquél que se dedica al negocio del libro, ¿soy un buen o un mal librero?

No nos pondremos en ejercicios puristas para expiar culpas en unos y encontrarlas en otros, pero el proceso de la venta de un libro tiene dos aspectos muy importantes a considerar, por un lado es un arte, una prestación de servicio, y por el otro es un negocio.

Para enfrentar a Amazon las librerías deben comprender mejor su naturaleza, su relación con el barrio en el que se encuentran, sus objetivos, y en especial la fidelidad de su clientela. Un buen librero hace del proceso de venta del libro una experiencia tan placentera, que ni la comodidad de ordenarlo desde casa puede superarla.

Cabe la pregunta ¿Qué debe hacer un librero para que un cliente prefiera ir a comprar el libro en su tienda física y no ordenarlo por Internet?

Una buena salida ya la hemos esbozado, es enfrentar la comodidad con el culto. Cuando se vuelve una experiencia grata la compra en tienda física, la cercanía entre los seres humanos supera la comodidad que da la era digital.

Entonces el usuario no sólo lee un buen libro, lee un buen libro recomendado por su buen librero, en la librería de su barrio. Y es allí cuando el que tiene que pensar no es el librero sino la gran compañía americana.

No por nada Amazon está realizando ejercicios con librerías físicas en Estados Unidos.

Existen cientos de estrategias que las pequeñas librerías, aparentemente en desventaja, podrían aplicar para salvarse de la guadaña.

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