Se ha hecho más eco la prensa catalana, por razones obvias, tratando el personaje histórico y humano en su justa medida, con la complejidad de su manera de ser. Antoni Gaudí murió atropellado por un tranvía hace justo 90 años, en 1926, a los 74 años de edad. Iba distraído y no se fijó, al cruzar la calle, que venía ese tranvía. Su funeral fue multitudinario, era un icono de la cultura catalana en vida, aunque todavía no se había llegado a ver la belleza incalculable de sus obras arquitectónicas.

Pero también la prensa extranjera ha hablado del aniversario, con absoluto respeto hacía Gaudí y su obra.

Unos con el mismo lenguaje que si se tratara de una guía turística, pero otros sabiendo que hablan de un artista, de alguien que hizo obras de Arte inmortales y nada comunes.

Mundialmente se conocen sólo unas cuantas, la Sagrada Família, la Casa Batlló, La Pedrera y el Parc Güell, pero hay muchas más en donde Gaudí dejó todo su talento, con su inagotable creación y sus detalles originales, nunca vistos hasta entonces. Todos estos sitios tienen miles de visitantes diarios, son únicos.

Pero la vida de Antoni Gaudí fue para tener perfectamente una miniserie televisiva o una película sobre su vida. Soltero, nunca se casó, aunque se dice que por un amor de joven que le dejó marcado de por vida (como a Alfred Nobel, otro genio), de ideas conservadoras y muy religioso, al que se llamó El Arquitecto de Dios.

Se cuentan miles de anécdotas sobre su vida, y también se ha hablado de que si la Iglesia Católica debería subirlo a los altares como santo, algo que está todavía entre las miles de solicitudes para la santidad, aunque se sabe que en eso, la Iglesia va muy despacio y calculando minuciosamente cada paso a dar.

Además, se requieren ciertas cualidades, que serían como sobrenaturales para alguien no creyente, como el haber ocurrido un milagro por la intercesión de su alma.

También se ha hablado de sus defectos como persona, como su carácter a veces temperamental o autoritario, su misoginia mal disimulada (un ejemplo es cuando una clienta le replicó que por la puerta que le había construido no podía entrar su piano, y él le contestó “Señora, pues toque el violín”) y su intransigencia ante cualquier crítica a sus creencias religiosas, como cuando sostenía que pasados los siglos, la Sagrada Famíliaseguirá en pie, “si todavía existen personas entonces que dudan de que ya no quede nadie que crea en la Religión”, ante lo que le dijo alguien que creía que la Religión ya no tendría creyentes en ella pasados los siglos.

Cantantes de muchos países han hecho canciones con alusiones a la Sagrada Família, sobre todo extranjeros. Hay alguna película, también extranjera, que tenía su apellido en el título, como Tardes de Gaudí de la americana Susan Seidelman (“Buscando a Susan desesperadamente”), aunque luego el argumento fuera una visión de Barcelona muy peculiar. Incluso Vicky Cristina Barcelona de Woody Allen tiene muchas escenas con la arquitectura gaudiniana visitada por sus protagonistas.

Por no hablar de que Gaudí, hace años, fue homenajeado en una obra musical, con canciones en catalán y en francés compuestas por Albert Guinovart, e incluso hubo una ópera, también cantada en catalán, ésta más ambiciosa, con un tenor americano que aprendió catalán para cantarla más en condiciones.

Dos trabajos cuyas músicas, muy diferentes entre sí, eran de calidad. Y cada una trataba de bucear en la compleja personalidad ya mencionada de Antoni Gaudí.

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