"Sé humilde y no olvides de dónde vienes". Las veces que uno ha podido oír esta frase, sobre todo proveniente de aquellas personas de avanzada edad que derrochan experiencia por los cuatro costados.

Lo cierto es que este dicho viene como anillo al dedo al conocer la curiosa historia de Carlos XIV, Juan de Suecia o Jean Baptiste Bernardotte ( era francés), que ocupó el trono de Suecia y Noruega en la primera mitad del siglo XIX.

Jean Baptiste Bernardotte nació en 1763 en la localidad francesa de Pau. De orígenes humildes, pronto se alistó al ejército francés, en el cual iría ascendiendo progresivamente hasta llegar a ser uno de los mariscales durante el imperio napoleónico.

Sin embargo, la Revolución Francesa le pilló de lleno en esos años en los cuales la persona desarrolla un grado de rebeldía y de ir en contra de lo establecido. Por tanto, apoyó de lleno el importante acontecimiento que sacudió Francia y marcó el inicio de la Edad Contemporánea.

Pero la relación con el emperador Napoleón Bonaparte no era muy buena, quedando acentuada en las campañas militares donde el mariscal Bernardotte desoía las órdenes procedentes de la cabeza visible del Imperio francés. Tal es así que fue relevado cuando se encontraba en plena guerra contra Austria.

Sin embargo, una extraña oferta le llegó desde tierras insospechadas: ¡Suecia le quería como rey! Los motivos fueron que los suecos necesitaban un rey que tuviera experiencia militar a causa del conflicto que mantenían con Rusia y la popularidad del militar en Suecia a causa de su comportamiento ejemplar con los prisioneros de este país en la guerra entre Francia y Dinamarca.

Por tanto Bernardotte se convirtió en Carlos XIV de Suecia tras ser príncipe y regente, incorporando también a la corona los territorios noruegos. Aquel joven de origen humilde y que apoyó la Revolución Francesa se había convertido en un hombre poderoso gracias a sus méritos militares, aunque fuera en otro país diferente al que le vio nacer.

Su reinado transcurrió con total normalidad hasta que llegó su muerte en 1844. Es aquí cuando sucede el hecho más curioso de la biografía de Carlos XIV. Al inspeccionar su cuerpo, los forenses fueron testigos de la existencia de un tatuaje peculiar que rezaba así: "Mort aux rois" ("Muerte a los reyes").

Parece que ese indómito joven que participó en la Revolución Francesa no pudo borrar el recuerdo de su pasado o quizá nunca hubiera pensado el llegar a reinar un país. Pero sin ninguna duda, este personaje no olvidaba de dónde venía.

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