En principio, este artículo necesita contextualizarse antes de proponer una reflexión sobre una problemática que, guste o no, afecta a todos los sectores de la sociedad. Para ello avisaré al lector que la idea o debate que se ha estado presentando en relación a si llegará el momento en que desaparecerán todas las carreras de humanidades, en principio, obedecen al sector académico y de manera particular, a América Latina.

En los tiempos que estamos viviendo, debemos reconocer que existe un fuerte impulso de la dinámica capitalista y globalizadora, que va en un sentido de competitividad, con la finalidad de que se presenten propuestas innovadoras que ayuden a mejorar la calidad de vida en todos los rubros.

El sector que más se ha beneficiado al respecto, evidentemente es el tecnológico y las comunicaciones.

Como corolario de lo anteriormente dicho, distintos sectores del área educativa, en el plano institucional, siguiendo esa lógica de pensamiento, (impulsivo mas no reflexivo, según mi punto de vista), plantean la tesis de que las humanidades se han quedado estáticas en el pasado, es decir, que no plantean una dinámica de innovación y propuestas. Si ellos aceptan dicha actitud académica, se entiende que la profesión refleja esa naturaleza pedagógica.

Dicha afirmación resulta en cierto sentido una limitación que ellas mismas, las autoridades académicas, han planteado en sus respectivos planes de estudios al dejar caer esa responsabilidad pedagógica en materias enfocadas a la teoría e historia de áreas de estudio como: filosofía, Arte, literatura, sociología, antropología, y un extenso listado.

Luego entonces, se puede refutar que antes de plantear desaparecer las humanidades, se debe revisar el plan de estudios.

El aspecto que sí podríamos aceptar es que ante esa carga curricular, no se nos enseña a tener la capacidad y habilidad de desarrollar una profesión humanística, entonces, bajo esa tesitura es que se deben replantear las enseñanzas en las universidades.

Y algunos aspectos que se pueden y/o deben incluir deben estar encauzados a la gestión, comunicación e interpretación de los fenómenos sociales y culturales que permita generar aportaciones a dicha dinámica social.

Se entiende entonces que la finalidad última de la profesionalización de las humanidades deben permitir que se desarrolle una inserción laboral que obedezca a la lógica de lo arriba señalado.

Así que, antes de poner sobre la mesa el debate de si es factible (suponiendo que se tenga esa apertura reflexiva), deslindar de la oferta educativa las carreras afines a las humanidades, se tienen que revisar las mismas. Sería un error, eso si concluyo, eliminarlas.

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