Aconteció de un momento a otro. Nick Menza estaba allí en el escenario, haciendo lo que más le gustaba en medio de un público que podía haber contado con seguidores desde su época del Megadeth, pero esta vez el destacado baterista se presentaba en vivo con su grupo OHM. Pero el destino, con su capacidad de mostrarse injusto, lo condujo en ese mismo momento a su final. Cayó en el escenario ante la mirada incrédula de fans que no creían en lo que estaba sucediendo, y desde allí, otra figura del rock abandona el mundo en este 2016.

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Al baterista nacido en Alemania, se le ha reconocido por una gran trayectoria que inició con la banda insignia de Dave Mustaine, siendo parte de lo que sería una de las alineaciones más aclamadas del panorama del metal: el Megadeth de la época de los noventa. El afamado grupo de thrash metal aprovechó la incorporación de Nick Menza para sacar adelante un sonido más limpio y elaborado, sin dejar de lado la agresividad por la que fueron conocidos desde la época de los ochenta.

Fue entonces en 1990, cuando Menza y esa increíble máquina de la guitarra conocida como Marty Friedman remontarían a Megadeth al público mainstream con esa joya de la Música dura llamada “Rust in Peace”, donde irrumpieron en la época del nacimiento del grunge, con un álbum cargado de riffs inolvidables, letras sobre la guerra fría y conspiraciones alienígenas, y el aporte de una batería interesante que demostraba el talento inicial, que lo pondría como un sucesor más aventajado que Chuck Behler, el anterior baterista de la banda californiana.

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El Rust in Peace se convirtió en un clásico inmediato y recibió la aclamación unánime del público y crítica.  El inminente éxito de este LP motivó a continuar con la experimentación del sonido de Megadeth en los siguientes años, enarbolados en los cambios que suscitaron las grandes bandas de metal para enfrentar los sonidos de moda de los noventa. Así llegó el aclamado Youthanasia (1992), donde Nick Menza contribuyó a que la agrupación fuera adentrándose en el heavy metal clásico sin abandonar del todo sus raíces thrash, ofreciendo himnos como “Sweating Bullets” y el impresionante “Symphony of Destruction”.

Con “Youthanasia” (1994), disminuye la agresión del sonido inicial de la banda en beneficio de un estilo melódico, pero muy directo y concreto, donde la banda seguiría aprovechando a un Nick Menza que saca lo mejor de su instrumento. Igual que ocurrió con el álbum negro de Metallica, el heavy metal accesible volvería a este disco, uno de esos que son ideales para iniciar a cualquier primerizo del rock.

Tras esa gloriosa trilogía de la primera mitad de la década de 1990, Menza se acercaría a su final en Megadeth tras la publicación del séptimo disco de los californianos, el experimental “Cryptic Writings que, hasta el día de hoy, que si bien les valió un hit con el tema “trust”, dividió a los fans por su sonido vuelto muy comercial, y la certeza de una inspiración muy pobre en comparación con los discos anteriores.

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Una lesión en la rodilla y algunos presuntos problemas con la marihuana marcaron el fin de la era Menza en Megadeth. La carrera del músico resucitó con su socio de la banda californiana Marty Friedman durante la carrera en solitario de este último, y luego con su grupo OHM. Las manos detrás de esa batería se han ido pero no cabe duda que el legado detrás de uno de los cuatro grandes del thrash será recordado por los metalheads como una de las etapas más prolíficas de la escena del metal.

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